La centralidad de Feijóo

Asegura Feijoo que el Partido Popular de Galicia se encamina hacia un nuevo ciclo político donde el intento de recuperar el apoyo electoral perdido estará basado en su asentamiento como el partido de “la centralidad”. Bellas palabras.  Pero, ¿qué es eso de “la centralidad”? Habrá que esperar a ver cómo el presidente del partido y de la Xunta traduce en hechos y obras tan por ahora etérea  propuesta.

Habrá que recordarle, no obstante, que eso del centro es hoy una cuestión de estilo  que  resulta una condición necesaria de tipo retórico, pero que no es una condición suficiente para lograr eficacia en los gobiernos. El centrismo es un concepto táctico, una estrategia,  no un concepto  asociado a valores, a principios ideológicos y morales. Es como no ser ni chicha, ni limoná. Y los costes no improbables de erigir el centrismo como ideología es quedarse sin ideología. Además,  hay terrenos en los que las medias tintas no son admisibles. Tal es el caso de la ética pública y los derechos humanos.

Feijoo parece contaminado así por el nutrido grupo  de dirigentes populares y de tribunas mediáticas de la izquierda que se resisten a la consideración del partido como lo que realmente es:  derecha política. Como si  de una  posición  vergonzante se tratara.  Como si viniera a ser “la derechona”; un supuesto reducto  de retrógrados casposos, de escasa o nula sensibilidad democrática.

Pero ha sido precisamente esa derecha política, legítima, democrática y razonable como el que más,  quien  en mayor medida ha abandonado electoralmente al PP no sólo por no haberse sentido debidamente representada, sino también por haber sido en ocasiones gobernada en su contra. Y es que esa derecha política es la que en buena parte se quedó el 24-M  en casa. De otra manera no se entiende el incremento de la abstención cuando en esta ocasión han acudido a las urnas segmentos  del electorado que tradicionalmente se abstenían en elecciones locales y que han nutrido a las formaciones de izquierda, como Podemos. Por el contrario, electores que venían optando por formaciones de centro derecha se han quedado en sus casas.

No habrá que olvidar que si el Partido Popular ha cedido 680.000 votos a Ciudadanos, otros 1,4 millones se han ido a la abstención.  Esta ha sido la principal fuga del PP.  Fuga que no es una novedad, pues ya se dio en las elecciones europeas y andaluzas. De no cambiar mucho las cosas, el fenómeno puede muy bien repetirse en las generales de fin de año.

Movilizar y recuperar ese electorado es tarea prioritaria. Dudo que  se logre con eventuales llegadas de caras nuevas a los gobiernos. Pero ciertamente no a base de indefiniciones, medias tintas y  centralidades.

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