La piel del oso

​A las Mareas varias, a sus votantes y a quienes no viven políticamente de otra cosa que de cargarse al Partido Popular no les gustó mucho que éste haya terminado por ganar las municipales del 24 de mayo en A Coruña ciudad. Habían vendido la piel del oso antes de cazarlo. Con un apretado y discutido escrutinio en la noche electoral y faltando como faltaban procedimientos tan relevantes como el recuento –preceptivo- por la Junta electoral de turno y la apertura del voto de los residentes ausentes, fue, en efecto, un tanto arriesgado cantar tan pronto victoria. Arriesgado y a la postre equivocado.

​Los perdedores se consuelan con el hecho de que a pesar de todo van a gobernar. No es mal alivio. Pero lo que no parece muy de recibo es que, para concluir que la ciudad de A Coruña “votó cambio mayoritariamente”, sumen junto lo que se presentó por separado. De todas formas, que yo sepa, los 36.885 votos cosechados por el PP son más que los 36.857 de la Marea Atlántica. Exactamente, 28 más. Y bastantes más, muchos más, que los 21.874 de la candidatura socialista de Mar Barcón. Es admirable la facilidad con que algunos se suben a carros ajenos.

Tal vez, pues, para saltarse con mayor pudor las matemáticas han sacado a relucir el estribillo de la “mayoría social”, que en el fondo viene a suponer el reconocimiento de que no tienen la mayoría política y de que al fin y al cabo son minoría. A pesar de todo, A Coruña tendrá dentro de unas jornadas alcalde del tándem Beiras/Podemos: Xulio Ferreiro, profesor de ese vivero de dirigentes de la izquierda radical que son las Universidades y que accede al puesto por la puerta de atrás de los pactos electorales, al margen de las urnas.

Viene uno y otro se va: Carlos Negreira. Un alcalde más que razonable que ha gobernado la ciudad en estos cuatro últimos años acosado por la oposición y por algún medio local, con el cinturón económico más que ajustado y con el incómodo e inacabable aliento de una jueza sobre el cogote de alguno de sus más cercanos colaboradores.

Tengo para mí que Negreira se va decepcionado. No esperaba tamaño abandono por parte de lo que podría ser su electorado habitual y que haya sucedido así en buena parte por cuestiones extramunicipales. Le queda –creo- la satisfacción de haber promocionado nacional e internacionalmente la ciudad, de haber mejorado los barrios, de haber acometido obras importantes como la reforma de la Marina y, sobre todo, de haber dado un enorme impulso a las políticas sociales del Concello. Lo que no es poco en estos tiempos.

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