Sacudimiento extraño

“Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel”. Es la primera estrofa de las diecisiete que forman la Rima 42 del Libro de los Gorriones en la que Gustavo Adolfo Bécquer expresa en rica sucesión de imágenes la tensión que se produce entre la inspiración y la razón, “ambas siempre en lucha”, en la creación poética.

Los versos del poeta romántico son una buena metáfora que refleja el paisaje que queda después de la batalla electoral entre las viejas formas de hacer política y las nuevas propuestas de las formaciones emergentes. Mirando a la Galicia urbana -y a ciudades referentes en España-, se puede concluir que el 24M, más que un huracán, fue un tsunami político el que agitó ideas, sacudió posiciones y empujó con fuerza incontenible las olas del cambio que en unos días se hará realidad con los relevos en concellos y autonomías, obliga a reflexionar a los partidos, pone punto final a muchas carreras políticas y mantiene expectante a la sociedad.

El gran “sacudimiento” fue el castigo a la vieja política y el premio a las “mareas”, formaciones de aluvión que prometieron regeneración y “medidas de rescate ciudadano para acabar con la crisis”. No sabría decir que fue lo que más movió a los votantes, si el rechazo al viejo modelo de hacer política o la seducción de eslóganes tan  atractivos como “pactar con la gente, gobernar para los ciudadanos o abrir los concellos” y la promesa de medidas de choque con mejoras para todos.
No lo tendrán fácil. Cuando lleguen al poder se percatarán de que gobernar es administrar recursos escasos que salen del modelo económico actual, tan denostado, y apenas alcanzan para atender unos pocos fines sociales y algunas necesidades urgentes, nunca para llenar todas las mesas. Un baño de realidad.

Si las arcas públicas están vacías o se produce un cambio a peor en la evolución de la economía, entramos en el ámbito del cuento de la lechera: imposible implantar esas nuevas medidas “que melloren a vida da xente” y todo quedará en un cambio de inquilinos en los consistorios.

Entonces el desencanto será mayor que el encantamiento previo y se cumplirá la afirmación del alcalde de Pontevedra “eu non acredito que a solución para este país sexan as mareas”, que no van a traer soluciones milagrosas.

Pero tienen derecho a una oportunidad porque el pueblo las votó. Aunque esta vez el voto fuera más fruto del cabreo que de la reflexión serena.

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