Mariano

Evidentemenye este no es el año de Mariano y por añadidura del PP. Rajoy ha sido un tipo con suerte hasta alcanzar el nivel de incompetencia sentenciado por el Principio de Peter. Nunca en un presidente de Gobierno habían concurrido más circunstancias beneficiosas, sin él proponérselo, que las acontecidas a Mariano Rajoy en su carrera política. Pero hoy los supersticiosos no tienen empacho en calificarlo de gafe a tenor de la suma de traspiés dados desde su llegada a la presidencia.

Todavía vibra en el aire la famosa frase dirigida a Jaume Matas: «Yo quiero un Gobierno como el tuyo». O aquella otra a Francisco Camps: «Siempre estaré detrás de ti, o delante o a tu lado». No fue menos contundente la remitida a Bárcenas: «Resiste Luis». Atrás quedan la resistencia para mover del ministerio a Ana Mato, el respaldo a Monago o la ignorancia explícita sobre los desmanes de Carlos Fabra, que subliminalmente podrían ser traducidos como apoyos. No han pasado cuatro semanas desde que espetó a Rita Barberá: «Rita tu eres la mejor». Ni cuatro días desde que mostró su sintonía con Alberto Fabra, Serafín Castellanos y Dolores de Cospedal durante la campaña… Todos han caído. ¡Santo cielo –gritan por la sedes del PP–, que no nos señale el presidente!

Sin embargo no debemos caer en esas simplezas coincidentes, consecuencias del lodazal en el que se mueve una gran parte del partido conservador. Simplemente a Rajoy le han retirado su apoyo las hadas benéficas encarnadas por los votos ciudadanos por mor de su incompetencia. Le ha fallado la vieja estrategia de la derecha de «hacer todo lo malo, todos los cambios, con rapidez, al principio del mandato, para luego lanzar el triunfalismo antes de renovar la confianza». El momento histórico y, especialmente, de libertad de comunicación y transmisión de las ideas dista mucho de los viejos cánones decimonónicos en los que aún está instalado el tradicionalismo político. La idea publicada ya no es la verdad pública. Se ha caído ese mito.

Por ello, cuando en el PP –en lugar de analizar sus políticas sociales erróneas para la mayoría, en lugar de mirar con lupa a quienes brindan sus respaldos, qué consignas transmiten y cómo–, se empeñan en culpar de sus males a la falta de comunicación, demuestran estar anclados en la irrealidad con la que han conducido su forma de gobernar en beneficio de unos pocos, traicionando la confianza obtenida de la mayoría.

Mariano ha agotado los ases de su baraja y, después de perder el crédito ciudadano, ahora se hunde dentro de su partido. Que pretendan colocar ajos porros, hiedra y romero tras las puertas al verlo llegar, o quemen ruda cuando se marcha, es una exageración. Aunque también un presagio.

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