Tormenta perfecta

¿Y Feijoo? Era la pregunta que no pocos se hacían días atrás cuando en plena vorágine postelectoral los distintos barones territoriales del PP iban desvelando valoraciones y propósitos. Había abierto el fuego Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León, con aquello del “espejo” de Rajoy, que venía muy a mano para el ruido mediático, pero que en realidad no había sido lo más sustancial de sus declaraciones.
Siguieron otros anunciando la intención de dejar las respectivas direcciones regionales del partido. Los adivinables pactos postelectorales –que no las urnas- los habían prácticamente desahuciado ya de las presidencias autonómicas. Esperanza Aguirre, por su parte, daba una muestra más de su oportunismo personalista proponiendo una refundación del PP, lo que en su boca sonó a insólito y hasta a extravagante.
¿Y Feijoo? El presidente del PPdeG y de la Xunta tardó un poco más en pronunciarse, pero lo hizo a tiempo, con serenidad y claridad. Habló de renovaciones y dio su apoyo personal y político a Mariano Rajoy. No obstante, de todo lo dicho yo me quedaría con su llamamiento a cerrar filas dentro del partido; al saber estar a las duras y a las maduras, en la salud y en la enfermedad, como un buen matrimonio.
Y es que, en efecto, no se termina de entender mucho cómo tras la sangría de votos y en vísperas de unas vitales elecciones generales, barones del PP han dado la impresión de querer abandonar con cierta prisa el barco. En la práctica política es habitual que el derrotado presente la dimisión y dé paso al relevo. Pero creo que no era este el momento de anunciarlo.
Por lo demás, resulta harto compleja de analizar la situación en que ha quedado sumido el PP. Más que de una derrota en las urnas –que no ha sido- se ha tratado de una pérdida tremenda de votos: dos millones largos. En ello han confluido una serie de factores que, coincidentes, han dado lugar a la tormenta perfecta: falta de liderazgos, reformas y recortes, énfasis excesivo en la mejoría económica cuando la gente en su entorno percibía muy otra cosa, incumplimiento injustificado de promesas, casos flagrantes de corrupción, feroz oposición en las instituciones y en la calle, martilleo de buena parte del sistema mediático y –todo hay que decirlo- errores propios.
“Muchos nos han dejado”, ha reconocido sin paños calientes Feijoo. “Y muchos son de los nuestros”, podría muy bien haber añadido. Por eso creo que una de las tareas urgentes del PP en estos momentos es ponerse manos a la obra de recuperar su electorado. No el de aluvión que le dieron las urnas hace cuatro años, sino el suyo de las mejores ocasiones. Porque muchos –muchos- se han quedado en casa o han malgastado su voto en sufragios nulos y en terceras opciones de sorpresivos comportamientos.

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