Esperanza y cierra España

Como a Pitita Ridruejo, estamos a unos minutos de que a Esperanza Aguirre se le aparezca la Virgen del Escorial. Cuando nuestra Señora se manifieste le comunicará a la frustrada alcaldesa de Madrid una serie de predicciones, siguiendo las costumbres de Fátima y Lourdes, mediante las cuales ella deberá prevenir al mundo de la amenaza roja, la soviética, naturalmente. Del peligro amarillo, los chinos comerciantes imparables. Y del retorno de las bases americanas para impedir la subida de la plaga negra, africana y en pateras, integrada por inmigrantes indeseables. De este modo, armada con escapulario, estandarte y rosario, doña Esperanza estará en condiciones de continuar la Cruzada emprendida para salvar el occidente demócrata-cristiano-imperial al grito de: ¡Esperanza y cierra España!

Aunque sucediera este disparate, el país no se asombraría viniendo de la condesa de Bornos y grande de España. De ella lo esperamos todo siempre y cuando disfrute de un espacio de poder, ahora en entredicho. A la condesa consorte se le han caído dentro de las urnas todos los sueños. Sentarse en la alcaldía madrileña y emprender el camino hacia la Moncloa. Los sicólogos afirman que semejante pérdida ocasiona traumas mentales de impacto. Pudiera parecer cierto, porque sin que la Virgen del Escorial se haya manifestado aún, Aguirre ha fijado en Podemos el primer objetivo, el rojo, de su Cruzada para salvar primero a los madrileños y luego al resto de los españoles.

Sin embargo, el temor más grande de los demócratas no reside en la presencia mínima de Podemos dentro de la coalición Ahora Madrid, sino en las maniobras de la presidenta del PP madrileño y en la sombra del tamallazo, que la catapultó a la presidencia de la Comunidad. Yo diría que las locuras y elucubraciones de Esperanza Aguirre ni son gratuitas ni producto de una enajenación pasajera, forman parte de su ideario real –compartido o no por otros sectores del PP-, que considera buena la democracia si sirve a sus intereses y perversa si abre las puertas a otras opciones políticas contrarias.

Quienes conocimos impactos sociales como el movimiento hippie de los sesenta o el mayo francés del 68 en el pasado siglo, sabemos por experiencia –desgraciadamente- que el 15M y las secuelas, que ahora están propiciando los cambios políticos, tendrán un recorrido más o menos largo, más o menos bueno, hasta integrarse e integrar sus logros dentro del sistema sin que se produzcan traumas irreversibles. Por tanto las alarmas de doña Esperanza son pura fanfarria, maniobras de despiste o, incluso, una broma peligrosa. La cita en el Escorial, suele ser los domingos a las siete de la tarde.

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