Una España sale y la otra se queda atrás

Mucha gente cree que durante esta crisis la única renta que se mantuvo a duras penas en España fue la de los pensionistas, más de ocho millones de personas, de quienes dependen a menudo hijos y nietos, de ahí que los jubilados se adelantasen en 2012 a los jóvenes en nivel de gasto. Pero no es oro todo lo que reluce. A pesar de que las pensiones quedaron a salvo, con la crisis se desligaron del IPC, de modo que ahora se revalorizan un 1 o 2%, en función de la renta, pero no del coste de la vida. Y no solo eso: los pensionistas también se vieron afectados por el aumento del IVA, ya que al subir este impuesto subieron los precios de forma igual para todos, con lo que los beneficiarios de pensiones y rentas bajas vieron reducida su capacidad adquisitiva. En resumen: el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones fue la última promesa incumplida de las que le quedaban a Mariano Rajoy.

Lo que es innegable es que, a pesar de todos los pesares, los pensionistas contribuyen a la cohesión social. Ahora bien, con independencia de que las pensiones puedan mantenerse como hasta ahora, que tampoco está muy claro, tiene que haber otras salidas para la gente joven, mucha de ella todavía en el paro; especialmente, si carece de formación. El modelo actual en el que una parte del país sale adelante y la otra se queda no parece sostenible, no solo por razones económicas, sino también demográficas.

La destrucción de empleo fue tan fuerte que incluso puso contra las cuerdas a la Seguridad Social. En esta crisis, la afiliación cayó a niveles de 2003. El paro es un problema dramático para quienes lo sufren y todo un peligro para las cuentas del Estado. Entre otras razones, porque en este escenario la Seguridad Social se ve obligada a tirar del fondo de reserva de las pensiones para afrontar el pago de los jubilados. El Gobierno de Rajoy ya abrió esa hucha en 2012, lo que encendió varias alarmas y devolvió al primer plano el debate sobre la reforma del sistema de pensiones para garantizar su viabilidad a medio y largo plazo. Claro está que mucho peor hubiera sido pedir el rescate.

¿Cuál es el problema de fondo? El sistema actual puede ser inviable a medio plazo, debido al creciente envejecimiento de la población y al aumento de la esperanza de vida; máxime si, además, la economía no crece lo necesario para generar empleo neto y de calidad suficiente para hacer aportaciones consistentes al sistema de pensiones. ¿La solución más fácil? Sin duda, ampliar el número de años de ocupación para acceder al 100% de la pensión. Otra opción es calcular las pagas sobre el conjunto de la vida laboral. Y una tercera no actualizar las pensiones según el coste de la vida. Son medidas duras, pero que esta crisis ha puesto encima de la mesa de los partidos y del Gobierno. Si optan por desarrollarlas, ya sea desde el Ejecutivo o desde el Pacto de Toledo, pueden hacerlo de una en una o combinándolas. Otro pretexto que también se utiliza para introducir el debate de las pensiones es desincentivar las jubilaciones anticipadas para acercar la edad real de jubilación a la edad legal, a sabiendas de que el número de trabajadores que cotizan llegó a caer a dos por pensionista.

Lo único cierto lo dijo esta semana el profesor jubilado Francisco Martínez Sánchez: en España no puede haber vida ciudadana a expensas de los bancos de alimentos y las pensiones de los abuelos.

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