En la banca se enterró el IVA de un año

La reestructuración del sector financiero español -léase la destrucción de las cajas de ahorros- redujo de 55 a 15 el número de entidades tras la crisis. Al final, en apenas cinco años, la banca española se ha salido con la suya.

De la mano de la crisis, la banca se ha llevado por delante las cajas de ahorros, se ha quedado con su cuota de mercado -la mitad del sector- y encima gran parte de la ronda se la ha pagado el Estado; es decir, los contribuyentes. El ejemplo más evidente es el del BBVA, que acaba de culminar, a cambio de unas migajas, su dominio de la antigua Caixa Catalunya, la segunda de su comunidad. El llamado banco amigo del Gobierno del PP tiene ahora en su balance nada menos que seis antiguas cajas de ahorros españolas.

El Sabadell, a su manera, también hizo caja, quedándose con la CAM y un pequeño banco de Caixanova, el Gallego, que sumó al Guipuzcoano. En cambio, el Popular no sedujo a ninguna caja, tal vez por falta de capacidad financiera, pero se tragó el histórico Pastor, hundido por los herederos de Pedro Barrié de la Maza.

De la quema de las viejas cajas de ahorros se ha salvado en parte su líder, La Caixa, ahora Caixabank, que se apoderó de seis cajas, las mismas que el BBVA. Caja Madrid, reconvertida en Bankia, también se hizo con seis cajas, alguna tan importante como la valenciana Bancaja. Es la única ‘caja’ realmente pública, a la espera de su privatización.

De las antiguas cajas de ahorros quedan en pie, además de La Caixa, la andaluza Unicaja, que absorbió a otras tres cajas, y, a su manera, Abanca, donde se diluyeron Caixa Galicia, Caixanova y el Banco Etcheverría, ahora propiedad de un grupo venezolano.

También destaca la vasca Kutxa Bank, resultado de la fusión de cuatro cajas, entre ellas Caja Sur. En otros tres casos, los ahora bancos Mare Nostrum, Ibercaja y Liberbank son el producto de haber fusionado otras cuatro cajas cada uno de ellos.

El Santander, líder del sector dada su dimensión en el exterior, es el único gran banco que no aumentó su tamaño a cuenta de las cajas; en su caso lo hizo al integrar Banesto. Bankinter siguió los pasos del Santander y está prácticamente como estaba antes de la crisis: en solitario.

El desastre financiero no solo se dio en Abanca, donde el Estado enterró más de 10.000 millones de euros. En la privatización de CatalunyaBanc, el Estado solo recuperó el 1,7% de las ayudas públicas. Así, vía FROB, ingresó 216 millones por la venta al BBVA de la entidad catalana, en la que había inyectado más de 12.000 millones. Claro que esas cifras palidecen al lado de los más de 22.000 millones de euros que precisó Bankia para seguir operando.

En total, las ayudas públicas a la banca suman 61.000 millones de euros, sin contar los avales ni el agujero del banco malo. El propio Gobierno ya da por perdidos 36.000 millones, cifra que aumentará cuando se salden los llamados esquemas de protección de activos. La única baza potente del Ejecutivo para recuperar fondos públicos es la venta de Bankia.

Traducido en euros recaudados, para afrontar el agujero de la banca en España haría falta toda la recaudación del IVA de un año y no serían suficientes los ingresos del impuesto de Sociedades. Son magnitudes comparativas que pueden dar idea de todo un desastre histórico, donde salieron perdiendo todos los contribuyentes pero no todos los banqueros.

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