La margarita de Rajoy


A Mariano le están deshojando la margarita. El caso Rato, las campanadas con cazos de Federico Trillo y Martínez Pujalte, sumados a los continuos manantiales de la fuente Gürtel, las rendiciones de lanzas en Alemania, las vacaciones bien pagadas de Bárcenas, los saqueos desnortados de la trabajadora Cospedal, el desfile de moda por la pasarela judicial de casi todos los ministros de Aznar y sus amigos de pupitres, la rebelión interna del funcionariado y la obstinada miopía del presidente nos transmiten cada mañana el pregón de la anunciada descomposición del PP. La historia suena a conocida en la derecha.

La destrucción de la UCD y el martirio de Adolfo Suárez, a manos de los suyos, no tuvo tantos fuegos artificiales, porque todo estaba más verde y los protagonistas políticos eran más bisoños, pero los mecanismos y resortes se movieron con las mismas palancas. Es curioso como por aquel tiempo Mariano Rajoy, casi un desconocido fuera de Pontevedra, me confesaba que en 1977 ya estaba en AP porque creía en una derecha moderna que “se tiene que unir para dar una imagen diferente, con gente nueva que no pueda ser acusada de haber protagonizado o estado en otros momentos políticos históricos recientes de nuestro pasado”. Se refería, naturalmente, al franquismo con el que, especialmente los democristianos dentro de la UCD, conspiraban para crucificar a su presidente, ahora elevado a los altares por ellos mismos.

Mariano no es Adolfo, pero esa derecha moderna, que él soñaba paseando frente al mar de Sanxenxo, es la que hoy pide su cabeza o mañana lo sienta, alternativamente, en la gloria. Es la derecha que ahora puede ser acusada de haber protagonizado o estado en la burbuja del aznarismo y asistido complacida a la boda del Escorial. Mariano está atrapado en su margarita y por mucha testarudez que demuestre (“mi virtud –me dijo por entonces- es la constancia y la voluntad”), no conseguirá salir bien parado de esta encrucijada. Su fecha de caducidad la veremos en la tapa del yogur durante el lubricán del 24 de mayo.

¿Y saben a quién le va a corresponder recoger los maltrechos estandartes de la batalla? Las lenguas de doble filo señalan a Núñez Feijóo, de momento sin las manos manchadas por la conspiración interna, donde despuntan Soraya y Dolores. Un rumor no carente de lógica. Don Alberto puede tener más futuro político personal a corto plazo, como jefe de la oposición en el Estado, que como presidente derrotado el próximo año en Galicia. La margarita de Rajoy, ya ven, también se deshoja en la plaza del Obradoiro.

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