Inmunes e impunes


Hace unos días conversaba yo con un ex magistrado, de gran experiencia en el ámbito penal, quien me expresaba –después de todo lo que lleva visto en la vida- la sensación que a él mismo la causaba la aparente tranquilidad e indiferencia ante lo que, teóricamente, se les viene encima de Iñaki Urdangarín y Cristina de Borbón. “Es como si quisieran manifestar que se saben impunes o que, en todo caso –me decía- tienen la firmeza de que de este trance saldrán bien parados, porque al fin y a la postre confían en que las consecuencias de su caso, en cuanto al efecto que puedan tener sobre la propia Monarquía son un paraguas protector, contienen los propios elementos que los exculparán o, en todo caso, reducirán sus consecuencias”.

Mi interlocutor entiende que nos esperan grandes sorpresas en la medida que avance la fase oral del proceso, toda vez que vamos a ver lo nunca visto. Para empezar, el fiscal, en lugar de acusar a una de las implicadas se unirá a sus defensas, a lo que se debe añadir que la propia Agencia Tributaria, instancia perjudicada por parte de los hechos a juzgar, no figura entre las acusaciones ni se siente perjudicada en el caso de Cristina de Borbón.

La parte magra de las defensas, en general, reposará –cree este magistrado- en tres grandes columnas: Primero, conseguir la anulación o desvirtuación del mayor número de pruebas por parte de la sala juzgadora, que vacíen de contenidos incriminatorios los hechos que dieron lugar a las conclusiones del juez instructor. Segundo, se tirará por elevación –cosa que ya ha mostrado la defensa del consocio de Urdangarín, Diego Torres- en el sentido de demostrar la implicación de la Casa Real en el conocimiento de los hechos presuntamente ilícitos y, sobre todo, la cooperación del anterior monarca y de personajes de relieve de su Casa, en cuanto a facilitadores o cooperadores necesarios para los negocios del marido de la infanta Cristina.

Con estos antecedentes, el tercer elemento clave sería volver la oración por pasiva; es decir, que el culpable del quebranto causado al interés público no fue causado por el consorte de la duquesa de Palma, sino que éste se limitó a ser una especie de sujeto pasivo, y que la culpa o la responsabilidad parte de una instancia previa: los políticos que le otorgaron de modo tan irregular y sin control los fondos públicos de que, en todo caso “como haría cualquiera”, no hizo otra cosa que lucrarse.

Además de todo esto, no nos podemos fiar de lo que pueda trascender de la estrategia de las defensas, porque el grueso de su artillería se reserva, con las sorpresas esperadas, para la vista pública, tras el fracaso de su pretensión de ahormar el proceso, para este magistrado, impecable, del juez Castro.

Una evidencia pública de que los Urdangarín-Borbón están tranquilos, es su vida pública, sin que les importe lo más mínimo que, pese a su declarada insolvencia, sigan con su habitual ritmo y se paseen por el mundo, con el costo adicional para los españoles de las ocho escoltas que los acompañan, cobrando dietas internacionales, lo que supone cada mes una elevada partida para el Ministerio del Interior.
Como se sabe, apenas dos días antes de que la pareja tuviera que depositar una fianza de 2,6 millones de euros por su responsabilidad atribuida en el Caso Nóos, y al tiempo que ambos manifestaron que carecían de suficiente liquidez para afrontar el pago, pasaron una Semana Santa de lujo en la Toscana, sin privarse de nada.

La familia se alojó en un hotel donde pasar sólo tres noches ronda los 1.200 euros y fueron al lujoso restaurante Albergaccio di Castellina, de una estrella Michelín, cuyo menú degustación oscila entre 60 y 80 euros por persona. Y eso sin contar el gasto que supone para el Estado español que allá donde van les acompañan sus escoltas por nuestra cuenta.

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