Siempre quejándose

Cada vez que se publican las cifras del paro –que siguen mejorando de mes en mes–hay que soportar a los que alguno llama, y con razón, el coro de las plañideras. No es que vean siempre el vaso medio vacío. Lo que sucede es que aceptar la paulatina recuperación del empleo implica reconocer que la amarga política de recortes y ajustes produce a no tan largo plazo buenos resultados. Y eso en el fondo supone dar la razón a Rajoy cuando dice que lo peor que puede pasar es cambiar de política económica.

El caso es que las plañideras del vaso medio vacío alegan sistemáticamente que los nuevos trabajos son temporales, inestables y que están mal pagados. O que se deben a circunstancias coyunturales derivadas de las recientes vacaciones y de las obras atribuibles a las vísperas electorales. Como si tales repetidos buenos datos no dieran pie a pensar ya en un cambio estructural de tendencia.

Asumen que uno de los factores del avance económico es el tirón del consumo, pero siguen objetando que el bolsillo del ciudadano aún no ha notado la mejoría. Como si tal incremento de la capacidad de compra hubiera llegado caído del cielo. E insisten en que, en todo caso, se trata de parámetros macroeconómicos. Como si la bonanza macroeconómica no fuera también de alguna manera consecuencia o acopio de microeconomías en alza.

Aunque a la luz de los barómetros del CIS cada vez son más los ciudadanos que estiman que la situación económica es mejor que la de hace doce meses; que entienden que la de dentro de un año será mejor que la actual, y que van perdiendo el miedo a quedarse sin el empleo actual, a pesar de todo –digo– los quejumbrosos habituales prefieren aferrarse al clavo de que la situación económica es todavía mala o muy mala para el 74,1 por ciento de los consultados.

Más desapercibido ha pasado, pero no menos elocuente es el indicador de confianza del consumidor (ICC), que también elabora el CIS y que en marzo se situó por primera vez por encima de los 100 puntos. Y ello tanto por una mejor valoración de la situación actual como por el incremento de las expectativas.

Para los analistas de medios no habrá dejado de ser curioso el esfuerzo que algunos han tenido que hacer estos días para minimizar en sus páginas de apertura el hecho de que el mercado laboral continúa emitiendo señales positivas, con avances en determinados aspectos que no se conocían desde hace muchos años. Hasta la construcción –principal motor que fue de la economía- va dejando atrás su travesía del desierto y vuelve a tener una aportación positiva al crecimiento y al empleo.

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