Si Felipe VI hubiera llamado a Mohamed VI quizá un espeleólogo hubiera salvado la vida

Aquí se habla mucho de las buenas relaciones con Marruecos y, sobre todo, de los vínculos de hermanamiento entre las monarquías alauita y española. Y hemos visto alguno de sus resultados. Cuando la última visita de Juan Carlos I a su “hermano” o “hijo” o lo que sea el actual monarca marroquí, como gesto de buena voluntad, pusieron en libertad o enviaron a España, a cumplir aquí sus condenas a un grupo de delincuentes comunes españoles que estaban en prisiones de Marruecos. Y de paso soltaron a un repugnante pederasta al que, por decoro social, hubo que volver a mandar a la cárcel aquí.

Me he preguntado esos días dónde estaba el Rey de España Felipe VI y su padre emérito, dónde estaba su vinculación e influencia cerca de su hermano marroquí para conseguir desbloquear el tránsito de la ayuda que quizá podría haber salvado la vida de un espeleólogo español accidentado en aquel país. Se perdieron cuatro días, ante la desesperación y la angustia de los equipos de rescate –a los que recomendaron hacer turismo- y el lento apagar del malherido, cuyo sufrimiento y turbación amilanan el corazón. ¿Dónde estaba el emérito aforado que vimos llorar tras la muerte de Hassan II con compungido dolor?

Si los amigos son para las ocasiones, éste era el momento para demostrarlo. ¿Hizo algo la Casa Real para que el sátrapa marroquí ordenara de inmediato paso franco a nuestros equipos de rescate? No consta. ¿Entonces para qué sirven? Es en circunstancias como ésta cuando la Monarquía se puede justificar. Es muy posible que si Felipe o su desaparecido padre hubiera cogido el teléfono y llamado a Mohamed VI, un español en trance de muerte se hubiera salvado, gracias a que los equipos especializados que podrían haberlo intentando estaban a su alcanza, si la burocracia, cuando no la simple corrupción marroquí no lo hubieran impedido.

Nadie duda que ante una orden del rey de los marroquíes, el paso quedaría franco y los equipos de rescate, oficiales y del voluntariado espontáneo, hubieran podido salvar la vida de un español si su Rey o el emérito hubieran levantado el teléfono.

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