Sin población no hay futuro

En plena semana santa se coló en la parrilla informativa un nuevo retrato de la crisis demográfica de Galicia que arroja una conclusión demoledora: la población del país está en franco retroceso, por no decir que va camino de la extinción, y las proyecciones son sombrías. Los datos del Instituto Galego de Estadística de los tres primeros trimestres del año pasado dan un saldo vegetativo negativo de 7.580 personas, que no dejó de menguar desde 2010.
El declive poblacional viene de lejos y seguro que tiene muchas causas que lo explican. Pero no hace falta ser un experto en demografía para apuntar que la primera causa de que no nazcan niños es la debilidad de la economía que no genera empleo, el que hay es de baja calidad y no da seguridades para que la población en edad de procrear pueda realizar su proyecto vital de tener descendencia.

Es esa debilidad económica la causa de que miles de jóvenes emigren con su talento y su energía vital para producir y procrear en otros lugares; que otros se queden, pero su situación laboral es tan precaria y con tanta inseguridad ante el futuro que abandonan la idea de tener hijos o, en el mejor de los casos, retrasan muchos años el tiempo de la paternidad; y que tampoco haya reposición poblacional por la vía de la inmigración.
Galicia envejece. La generación de mayores que vive hoy en las aldeas y ciudades no tiene recambios y sin jóvenes que trabajen y procreen se viene abajo no solo el sistema productivo, sino toda la estructura del país que cada día será más dependiente de la ayuda exterior -del Estado y de Europa- para atender los subsidios, pensiones y las necesidades vitales de una población envejecida.

¿Se puede revertir la situación? Existe un Plan de Dinamización Demográfica impulsado por la Xunta que incluye medidas económicas de apoyo a las familias y de fomento de la natalidad. Sus logros son escasos porque las medidas tomadas en los últimos años, más que a reactivar la economía y generar empleo, fueron políticas de austeridad para mantener el equilibrio presupuestario y cumplir con el objetivo del déficit.

Algo más habrá que hacer para cortar la caída demográfica que lastra las posibilidades de futuro de Galicia e incluso su propia supervivencia. Gestionar austeridad no es sinónimo de buen gobierno porque no garantiza hoy el bienestar de los ciudadanos, ni mañana la supervivencia del país que pasa por revitalizar la población.

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