Cuotas

Hace unos días una investigadora española decía que ya no es noticia que una mujer llegue a lo más alto. Pero cuando esa mujer se convierte en una de las más poderosas del mundo de la tecnología, cuando esa mujer pasa a dirigir una empresa que tiene en su balance 64.000 millones de dólares en efectivo, sí es una noticia. Esa mujer es Ruth Porat, la nueva directora financiera de Google. Y la noticia es de tal magnitud que las acciones de la compañía subieron un 2% cuando se hizo efectivo el anuncio de su contratación.

Porat ya formaba parte de ese exclusivo grupo de 14% de los puesto directivos de las grandes empresas americanas que están ocupados por mujeres. En EE.UU., a pesar de que conocemos varios nombres propios femeninos en cargos claves de la economía, las mujeres están infrarrepresentadas y esto se agudiza en el sector financiero y tecnológico.

Pero si comparamos estos datos con los europeos, lo cierto es que el viejo continente adelanta a los norteamericanos en el número de mujeres que dirigen empresas en el selecto grupo de las 200 firmas más grandes del planeta. El Comité Internacional de Mujeres Directivas (CWDI) afirma que es Francia el país que lidera el ranking con un 29,7% de los cargos de grandes empresas en manos femeninas. ¿Son los franceses más igualitarios, menos sexistas? No exactamente. Este liderazgo es la consecuencia directa de la ley aprobada en 2010 sobre la paridad, que exige a las empresas elevar a 30-40% la proporción de mujeres en sus órganos de gobierno. La política de cuotas se aplica actualmente en 22 países, y no sólo de Europa. Noruega abrió el camino y hoy ya ha alcanzado ese codiciado 40%.

Son muchos y muchas las que persisten en denostarlas y rechazarlas pero lo cierto es que objetivamente las cuotas funcionan. Francia pasó de tener una tasa de 7,2% a otra de 29,7%. Italia de un 1,8% a un 25,8%. Italia ha entrado en el top con tres grandes firmas que representan más del 30% de mujeres en sus consejos.

Hace una década nadie hubiese podido imaginar siquiera que una firma transalpina pudiera contar con un modelo paritario. La ley de cuotas ha permitido que se produjera el cambio.

Tal vez esto sirva para convencer a quienes abogan por la meritocracia y el cambio natural para alcanzar la paridad. Ojalá las cuotas no fuesen necesarias, ojalá las capacidades y la formación fuesen los únicos criterios, pero lamentablemente si les dejamos actuar sólo a ellos no sólo no avanzaremos sino que, probablemente, volveremos atrás.

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