«Nosfaremos»

Llegué al monasterio con espíritu de turista y tuve la suerte de encontrarme con el abad en los corredores del claustro, mien- tras trataba de sacar unas fotos a las claves de las bóvedas. El fraile era un tipo extrovertido y curioso. Entrado en años pero con la juventud a flor de mente. Al acercarse me dijo que le sonaba mi cara. Yo le respondí con mi broma habitual:

-Sí. Seguramente de la radio, hermano.

Intercambiamos unas risas, unos saludos cordiales y nos presentamos. No necesité pedirle que me hiciera de cicerone porque inmediatamente, en un perfecto castellano de la meseta, se lanzó a explicarme todos los trabajos de recuperación y restauración que los cofrades estaban llevando a cabo con un esfuerzo, una humildad y un espíritu dignos de ganar la gloria, si existe. No voy a revelar ni el lugar ni el nombre del monje, aunque ya no está entre nosotros, para no incordiar. Pero el caso es que mi pregunta no se hizo esperar:

-¿No les dan ayudas oficiales?

-No. En las tres últimas elecciones estuvieron por aquí los de “nosfaremos” y tres lustros después aún esta- mos esperando por su contribución. La de quienes ganaron una y otra vez y la de aquellos que perdieron…

Ante mi gesto de extrañeza, continuó con su explicación.

-Usted sabe gallego. ¿Verdad? Son dos palabras: nós faremos… Haremos, nos haremos… Es el nombre genérico aplicable a todos los partidos cuando huelen las urnas electorales. Al pasar ese olor mercantil las pro- mesas se enclaustran en el purgato- rio. Nosotros seguimos aguardando, elección tras elección, que san Pedro les abra la puerta y nos lleguen algún día… A lo mejor para entonces el monasterio está terminado y los de “nosfaremos” vienen a inaugurarlo. Será una honra ofrecerles un vino…

¿Y ustedes votan? –pregunté sin salir de mi asombro.

-Sí, con resignación y perdonando las mentiras piadosas, como todos los fe- ligreses de esta parroquia.

Resignación, perdón y mentiras. Al despedirme del abad, me llevé los tres conceptos en la mochila y cuando llega el tiempo de las precampañas y campañas electora- les los coloco en mi escritorio, sobre una peana en cuya base está escrito el “nosfaremos”. Me sirven para no confundirme a la hora de analizar la realidad. Es cierto que la del monje era una simplificación desmesurada pero, por desgracia, también es una moneda de uso común. O lo parece.

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