Pasaron 47 años: mereció la pena

Comienzo mi artículo pidiéndo disculpas al lector. Hoy voy a hablar de mí. Voy a recordar vivencias que me sucedieron hace ahora cerca de medio siglo, pero que afloraron de forma muy positiva sentado en una butaca del Palacio de Congresos de Santiago. Durante una hora y cuarenta minutos, que fue el tiempo que duró el recital de Joan Báez, muchos recuerdos volvieron a mi memoria de joven estudiante en la Facultad de

Medicina para hacerme médico, siendo mi vocación la de periodista, profesión que sigo ejerciendo.
Siguiendo a la máxima representante de la canción protesta, recordé aquellas asambleas del 68 en la Facultad de Medicina donde alguien una noche trajo una cinta y oímos a Joan Báez. O los encierros en el edificio donde estaban ubicadas las facultades de Geografía e Historia y

Derecho y yo me matriculaba en una ridícula ventanilla que había en el primer piso. En estos dos centros el “Venceremos nos” fue nuestra bandera para cambiar las cosas en los finales de los años 60.

Esta mujer llena totalmente el escenario. Nos hizo despedirnos en gallego de los ríos y las fuentes (Rosalía de Castro). Galopamos por la vida como en los viejos tiempos (Paco Ibáñez). Recordó que no deben movernos en nuestras convicciones con una de sus mejores canciones (Joan Báez) y nos sentimos todos Sacco y Vanzetti (Joan Báez). Insistió en que debemos imaginarnos un mundo mejor (John Lennon). Profundizó en el apasionante mundo de la Llorona (Chavela Vargas). Miramos hacia la casa donde nace el sol (autor desconocido y que popularizaron The Animals). Y como en su día, ante más de medio millón de personas en aquellos años difíciles para los cambios y revoluciones que se presentaban en el mundo en los setenta, nos volvió a insistir que la respuesta está siempre en el viento (Bob Dylan). Tuvo el acercamiento hacia el pueblo árabe (Jaira Hamouda), y el hebreo con la mítica Donna, Donna.

Si soy sincero me hubiese gustado cerrar los ojos y volverle a oír que nosotros tenemos que ser los que venzamos en nuestras reivindicaciones. Hubiera sido apoteósico que la Joan Báez luchadora con la palabra y la música nos hubiera puesto en pie a muchos de los de mi generación, volviendo a oír el “Venceremos nos” Entonces volvería a ver las caras de Voces Ceibes y del pediatra Manuel Pombo Arías presentador e impulsor de aquel concierto. Salimos del recinto recordando la letra en gallego de la que fue bandera para nuestras reivindicaciones por las que muchos pagaron un tributo demasiado alto. Insisto, mereció la pena esperar 47años. Joan Báez sigue sabiendo mover los sentimientos de las personas.

Hoy, como ayer, a los que somos abuelos y en aquellas épocas jóvenes con grandes inquietudes de libertad, a sus 74 años me sigue gustando igual que cuando ella se acercaba a los 30 yo entraba en la década de los veinte. Gracias, Joan Báez. Sé que no existe la inmortalidad física, pero la tuya como letrista, cantante, compositora y activista la tendrás siempre. Y sus raíces, en su hijo, Gabriel Harris están bien consolidadas. Hacía frío cuando salimos del Palacio de Congresos, pero apenas lo noté. Mereció la pena verte en directo 47 años después.

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