Zapatero es un verso suelto

EL libro «Zapatero, el gran organizador de derrotas; historia de un despropósito» de Joaquín Leguina, es un análisis demoledor de los ocho años del zapaterismo y de “las consecuencias políticas que han traído consigo las ideas y las “ocurrencias” de aquella etapa de gobierno”. Casi cuatro años después de dejar la presidencia del Gobierno anda el ex presidente “haciendo amigos” y no deja de sorprender con alguna nueva ocurrencia, como los viajes a Cuba y al Sahara que molestaron al Gobierno actual o la cena con dirigentes de Podemos, que causó asombro e indignación en su propio partido.

La última es su opinión sobre Podemos que en una entrevista en el periódico La Stampa considera que no es un partido populista sino “una formación socialdemócrata” que responde a la demanda de la gente de buscar una alternativa al sistema.
Es una opinión respetable. Pero no parece muy socialdemócrata un partido cuyos integrantes de formación leninista no reniegan del chavismo que tiene oprimida a Venezuela, desprecian a los partidos tradicionales que vienen gobernando el país desde hace años a los que llama despectivamente “la casta” y, como alternativa al sistema, pretenden derribar “el régimen de la transición” que implantó el modelo político que nos trajo hasta aquí en condiciones homologables a los países de nuestro entorno. Dicho en lenguaje coloquial, el objetivo de Podemos es poner patas arriba al país.

En un periódico que recogía la declaración de Zapatero los lectores se mostraban muy duros con él y lo más suave que decían era que “en su ignorancia, no sabe lo que es populismo ni socialdemocracia”. Otros, con más humor, se preguntaban si “a este tipo le han retirado la medicación o es que vino así de serie” y anotaban que afirmaciones como esa solo se dicen “con unos chupitos”. Pero lo más relevante es que su opinión cayó como una bomba en el partido socialista que el propio Zapatero dejó medio deshecho y trata de reflotar ahora el nuevo secretario general que califica a Podemos de populismo en estado puro y sabe que quiere ocupar su espacio.

El expresidente parece un verso suelto dentro del partido y da la impresión que quiere “promocionar” a esa formación emergente como alternativa al partido socialista de siempre. Sospecho que el bueno de Pedro Sánchez al conocer la frivolidad de su antecesor diría aquello tan castizo “líbreme Dios de mis amigos que de mis enemigos me libro yo”.

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