Puertas giratorias

​Con su súbito desembarco en el Partido Socialista como candidato al Ayuntamiento de Madrid flaco favor ha hecho el coruñés Ramsés Pérez Boga a la Organización de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE), que presidía. Para la opinión de a pie de calle este colectivo gozaba de una notable credibilidad. Sus tomas públicas de posición parecían atinadas. Más técnicas que políticas. Pero a partir de ahora las cosas no habrán de ser igual.

​¿Decisión estrictamente personal? No digo que no. Pero este su sorpresivo desembarco en las listas socialistas madrileñas ha contaminado a la propia organización en su conjunto. No está tan lejos la agria polémica mantenida con el ministro Montoro sobre una supuesta politización de la Agencia Tributaria, con las consiguientes acusaciones de filtraciones interesadas de información y datos. Visto lo visto, cabe plantearse, sin embargo, si no estará tan politizada la IHE como el organismo público encargado de la gestión del sistema tributario estatal sobre el que se cargan las culpas.

​¿Compromiso por vinculaciones profesionales o académicas anteriores con el alcaldable socialista, profesor Antonio Miguel Carmona? Puede ser también. Pero por muy fuertes que pudieran ser éstas, el paso dado ha comprometido demasiado al colectivo de inspectores estatales de Hacienda.

¿Qué credibilidad tendrán las nuevas tomas de postura que pueda tomar la IHE por mucho que su hasta ahora presidente haya dimitido y cogido los bártulos camino de Madrid? Es pregunta inevitable. Por todo ello, los sucesores de Pérez Boga en la directiva de la IHE están llamados a hacer un notable esfuerzo por recuperar la imagen de neutralidad perdida.

A Pérez Boga no le vale mucho tampoco alegar que se presenta como independiente. Porque para ciudadanos con una cierta conciencia de lo que es el servicio público, hay opciones con las que por principios no se colabora. Por tanto, cuando se hace, es porque alguna simpatía se tiene por ello. La situación me recuerda un poco a esas formaciones políticas que se dicen de centro, pero que luego siempre votan con la izquierda.

No niego a los colectivos profesionales como tales la legitimidad de opciones o tendencias políticas derivadas del sentir mayoritario de los asociados. Pero es imprescindible saber quién es quién. Los jueces constituyen un claro ejemplo al respecto. Así, el ciudadano informado puede tener un juicio más cabal de las manifestaciones públicas que el colectivo en cuestión produce.

De todas formas, ahora que tanto se habla de esos pasos sin solución de continuidad de la política a la actividad profesional y viceversa, no sé si las cabezas más visibles de colegios profesionales y similares no deberían también ser especialmente cuidadosas con la utilización personal de esas justamente cuestionadas puertas giratorias.

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