El perfíl de los candidatos

Se nan conociendo los alcaldables que concurrirán a los comicios municipales y no se perciben aires de renovación, no se ven caras nuevas para gobernar con ideas y proyectos nuevos que aporten aire fresco a un sistema político desgastado.

Populares, socialistas y BNG, en buena lógica, mantienen los cabezas de lista allí donde gobiernan y para aquellas plazas que se les resisten seleccionan nuevos candidatos que, por designación a dedo o por primarias, suelen recaer en militantes de toda la vida. Sorprende más la falta de renovación en las mareas o plataformas de aluvión cuyos candidatos proceden de viejos partidos y buscan ahora un lugar al sol en estas nuevas formaciones que semejan ser un «totum revolutum», experimentos coyunturales contra la derecha. Por ahora, sus números uno son más de lo mismo, políticos rodados y rebotados de otras formaciones. La renovación ni está, ni se le espera.

Afirma Ignacio Urquizu que la sociedad está viviendo «una transformación de gran profundidad que debe llevarnos a revisar muchas ideas», entre ellas el perfil exigible a las personas que opten a cargos públicos que para el profesor de la Complutense deben reunir al menos cuatro requisitos. En primer lugar, los ciudadanos quieren políticos que tengan vida más allá de esta actividad, «que hayan desarrollado una profesión». Dicho en román paladino, que haya cotizado a la seguridad social. Segundo, los ciudadanos esperan que quienes se dedican al oficio de la política sean personas «intelectualmente sólidas» que sepan defender una idea de país o de concello más allá del argumentario convencional de sus partidos.

En tercer lugar, quieren políticos próximos y que sean gente normal. Por último, los ciudadanos esperan que sus representantes no confundan sus intereses particulares o los de sus partidos con los intereses del país en la parcela que ellos gestionan.

El problema, dice Urquizu, no está en cómo se elige a los candidatos, si en primarias, en un congreso o a dedo. La clave está en el perfil profesional e intelectual que tienen y qué ideas ponen sobre la mesa. Dicho en otras palabras, «el problema de los liderazgos ahora mismo no es de personas ni de ideas, es de personas con ideas».

Seguro que abundan los candidatos con este perfil, personas bien formados y con independencia de criterio. A lo peor la endogamia de los viejos partidos y de las nuevas formaciones es lo que impide encontrarlos.

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