Rajoy perdió en Andalucía

Al PP de Mariano Rajoy no le ha ido bien en Andalucía, donde el PSOE vuelve a ser la primera fuerza política de la comunidad más poblada de España. El candidato de Rajoy fracasó en su intento que igualar al menos el aceptable resultado de Javier Arenas, y la socialista Susana Díaz ganó con claridad, si bien deberá contar con Ciudadanos y/o con Podemos -minoritario, por cierto- para gobernar.
Mariano Rajoy ya no habla solo de lo bien que lo hace su Gobierno ni de lo consistente que es el Partido Popular. En su mitin de Valencia, en plena jornada de reflexión en la cercana Andalucía, Rajoy fue a por la oposición sin andarse con rodeos, con palabras más propias de un mitin barriobajero que de un acto del presidente del Gobierno. Se ve que está nervioso el líder del PP, con un lenguaje más agresivo que el de los tertulianos, a los que también les dio por cierto un buen repaso, e infinidad de descalificaciones de otras fuerzas políticas.
Hubo un tiempo –sobre todo con José María Aznar- en el que el PP jugaba al todo o nada, ya fuese en la oposición o en el gobierno. Nadie estaba con el PP salvo el PP, mientras los demás grupos alcanzaban a veces acuerdos. Pero es más que dudoso -vistas las elecciones andaluzas y las encuestas- que el PP esté ahora en condiciones de mantener esa estrategia, que resumiendo mucho viene a decir: o el PP o el caos.
Tal vez esté arriesgándose Mariano Rajoy a comerse sus propias palabras, ya que parece difícil, por no decir imposible, que en las elecciones que vienen vaya a ganar con mayoría absoluta. Tras el tremendo batacazo de este domingo en Andalucía, donde dejó de ser la primera fuerza parlamentaria, puede mejorar el balance en las municipales y autonómicas pero está en el aire que pueda mantener sus dos joyas de la corona, Madrid y Valencia; todo indica que pasará un mal trago en Cataluña, y aunque no hay que descartar que pueda ganar las generales, sí parece improbable que las gane con mayoría absoluta. Lo que ya no hay quien lo mueva es el resultado de Andalucía, donde para el PP la derrota es doble: por su mal resultado -perdió 17 escaños, al pasar de 50 a 33- y por la irrupción de Ciudadanos, que achica su espacio.
Más allá de la confusa personalidad política de Mariano Rajoy, a la derecha española no le vendría mal tomar ejemplo de otros partidos de centro-derecha europeos, que no renuncian a sus principios conservadores y/o liberales, pero no por ello se muestran incapaces de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas de centro-izquierda, tanto para gobernar, incluso juntos, como para establecer acuerdos parlamentarios o en determinadas leyes o medidas económicas. Este lenguaje tan poco moderno de descalificar a los demás, sin mirarse en el espejo, no parece el más adecuado ni para un partido de gobierno ni para la democracia española. Y menos en una jornada de reflexión, salvo que se quiera jugar sucio, temiendo lo peor.

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