Bipartidismo

EL PSOE se mantiene en Andalucía, el PP se descalabra y las nuevas fuerzas emergentes se asoman sin resultados importantes a los escaños del Parlamento andaluz. Si esto representa un cambio de ciclo o el final de ese hipotético bipartidismo, que han convertido interesadamente en el satán de los tiempos de crisis, la visión resulta miope.

Las nuevas fuerzas, Podemos y Ciudadanos, rondan el 25% de la representación en el arco parlamentario. El tren que pretendía arrollar y sacar de la vía a la España de la transición y la Constitución del 78 se ha quedado en una máquina de vapor sin mucho empuje. ¿Esto hemos de tomarlo como buena o mala señal? Yo no me inclino por ninguno de los dos extremos, prefiero contemplar la realidad y no convertir el ejercicio de la política en un simple sueño representativo. En todo caso, me gusta defender las utopías. En la campaña autonómica, que ayer concluyó en Andalucía, no vimos ningún programa que las pusiera sobre la pizarra ni las debatiera en la palestra.

Las dos fuerzas mayoritarias tradicionales mantienen su vigencia, para bien y para mal, en un territorio que ha venido marcando históricamente la pauta de la gobernabilidad del Estado. Si las elecciones de ayer marcan tendencia, está claro que el PP no salva los muebles y Mariano Rajoy está a un paso del desahucio de la Moncloa. Es evidente que el PSOE debe ponerse las pilas para volver a generar el cambio que la ciudadanía pide, IU tendrá que reconsiderar su imagen y poner orden en su casa, mientras Podemos y Ciudadanos seguirán pegados a la confusión para conseguir un puñado de escaños sin capacidad de decisión. De UPyD no vale la pena ni hablar. Y en esa tendencia debemos contemplar a los nacionalistas que el domingo no estaban en el terreno de juego.

El triunfo del PSOE en Andalucía –da igual que no tenga mayoría absoluta–, en primer lugar confirma la prudencia de la ciudadanía frente a las incertidumbres, aunque no dé la espalda a los nuevos modos de nuevas formaciones. En segundo lugar, castiga las políticas del PP al servicio absoluto de la derecha especuladora contra los ciudadanos. Y en tercer lugar, por aquello de avisar a los oráculos, nos advierte que la fragmentación parlamentaria no significa ingobernabilidad, sino una forma más de pluralidad, como ya ha venido siendo tradicional con los pactos históricos con los nacionalistas tanto por parte de socialistas como de los conservadores.

Eso que llaman bipartidismo, imperfecto diría yo, ha salido casi indemne de las urnas. A Podemos y Ciudadanos se les ha roto el discurso, aunque sus resultados sean aceptables. Me duelo por IU.

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