La oferta y la demanda

He escuchado a Mariano Rajoy ofertar medio millón de nuevos puestos de trabajo para Andalucía y, dos horas más tarde, elevar esa oferta a un millón si en un futuro inmediato el PP gobierna en Andalucía y en España. Sin entrar en agravios comparativos ni pasarnos de cálculos, si el partido de Mariano gobernara en las diecisiete comunidades, escucharíamos una promesa de ocho millones quinientos mil puestos de trabajo gracias a sus políticas de empleo para los próximos cuatro años. La pregunta salta de inmediato: ¿Está en sus cabales el presidente o acaba de hacer un curso de vendedor ambulante?
Esta es, seguramente, la oferta electoral más extravagante de las que se escuchan estos días por los pueblos de Andalucía. Sin embargo, no es el único disparate programático, el resto de los partidos también han tirado de caramelos para atraer votantes a los colegios electorales. Caramelos que durarán menos de lo que lleva el recuento de votos.
Si realmente la política estuviera regida por la oferta y la demanda natural, todos los partidos darían en quiebra. La avanzadilla de las elecciones andaluzas ofrece la fotografía de lo que serán las próximas municipales y autonómicas, allí donde se celebran estas. Y, mucho me temo, el resultado de esas dos convocatorias situarán el mercadeo de cara a las generales de otoño. El mercadillo tiene abiertas las persianas y muestra sus productos. ¿Pero, es esa la oferta que demanda el consumidor? Creo que no.
¿Cuántos ciudadanos se acercarán a comparar promesas trasnochadas, que nada tienen que ver con las preocupaciones reales? Desde la atalaya del observador, me sorprende ver la falta de conexión entre los programas y preocupaciones de los partidos y el sufrimiento ciudadano. Me sorprende la falta de contenido ideológico de las formaciones de izquierda. Doy por supuesto que la ideología de la derecha es simplemente la gestión estilo empresarial y ahí mantienen claro el perfil de su pensamiento. Y me sorprende que la lucha por alcanzar un determinado espacio de poder o de Gobierno se circunscriba a la hipotética capacidad de un liderazgo.
También la confrontación sobre la gestión pasada tiene más peso en los debates que los planteamientos de futuro. Una forma de ofertar pretérito, que tampoco nadie demanda. Si usted, paciente lector o lectora, tiene clara cuál es su opción de compra, por lo que estamos viendo en Andalucía probablemente no encuentre en el panorama actual ninguna oferta atractiva en que invertir su voto. ¿O cree en las fantasías de Rajoy y resto de la tropa?.

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