Presencia femenina más incisiva

El domingo 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Con este motivo hemos creído de interés recoger el sentir eclesial, y especialmente del papa Francisco, sobre la importancia del papel femenino en la sociedad y en la Iglesia.
Desde el 4 al 7 de febrero, la mujer fue protagonista de un foro de debate en el Vaticano: la Asamblea Plenaria del Consejo de Cultura reflexionó sobre “Las culturas femeninas. Igualdad y diferencia”. Este encuentro se enmarca en las preocupaciones del papa Francisco. Son habituales en el obispo de Roma las alusiones a la necesidad de repensar una teología de la mujer en el seno de la Iglesia. La última ha sido la intención general de oración para el mes de marzo: “Que en todo el mundo sea reconocida adecuadamente la contribución de la mujer al desarrollo de la sociedad”. En torno a la reforma de la Curia vaticana, ha habido quien ha pedido más relevancia de la mujer en el seno de algún dicasterio. De hecho, el papa reconoce en la “Evangelii gaudium” que existe hoy “un gran desafío para los pastores y para los teólogos” a la hora de “reconocer mejor el posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes en los diversos ámbitos de la Iglesia.”
“Reconozco con gusto -continúa el papa- cómo muchas mujeres comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica. Pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva”.

Y en una entrevista a La Civiltá Cattolica fue más concreto: “En los lugares donde se toman decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”. Esta reflexión pondrá las bases, dice un comentarista, para hacer más visible esta presencia y participación de las mujeres, para que se escuche más su voz, evitando la tentación de reducir la Iglesia al ministerio jerárquico masculino que, siendo fundamental, no agota su misterio
Espero que la celebración del año jubilar teresiano a raíz del quinto centenario de la Santa de Ávila contribuya de manera eficaz a reconocer y potenciar el papel femenino en la Iglesia de hoy, siguiendo el ejemplo y el camino que ella anduvo en su tiempo.

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