Ficciones de la monarquía: Dios ya no guarda a Su Majestad Católica

Dada la baja cota de aceptación de partida, con que el monarca saliente dejó a su sucesor, la monarquía precisaba reinventarse. Es un tópico manido que la monarquía es lo que es, y que su única modernización es la república. Un rey es y tiene que ser por su naturaleza distinto de sus “súbditos” y está por encima de ellos. Examinando en perspectiva los gestos evidentes de la campaña de lanzamiento de imagen construida en torno a Felipe VI permite señalar algunas contradicciones: La primera es la de un monarca católico en un país no confesional, que obliga al Rey a ciertos gestos, pero a mantener otros usos y costumbres (como la primera visita al Papa). No celebra su proclamación con un Te Deum, pero visita al vicario de Cristo en su primera salida oficial del reino.
Una de las más pintorescas medidas modernizadoras es eliminar de los saludas y escritos, en los que se menciona al Rey la fórmula Q.D.G. (Que Dios Guarde), invocación tradicional al referirse a quien sus edecanes pretenden que tratemos de Señor, y no de usted, como a todo el mundo. ¿Qué más dará? La monarquía es la de siempre.
Por medio de gestos contradictorios y vacíos de contenido real, la monarquía trata de reinventarse, pretendiendo abandonar la hojarasca que forma parte de forma parte de la esencia misma de la institución. Cada día se presentan ante los españoles como “gesto o iniciativa del Rey” aparentes avances de modernidad, puesta al día, acercamiento a los ciudadanos o cambios radicales, a veces meras apariencias formales que en realidad nada cambian. La monarquía es un todo, y no selectivamente lo que conviene para que aceptemos sin rechistar una situación de hecho, sin que nos cuestionemos su origen, estado y la posibilidad de cambiarla.
Y en el sentido de este apunte, llama la atención el rol con resabios la vieja usanza que comienza a ejercer la esposa del monarca, ahora camarera de vírgenes, cofrade mayor de cofradías y similares. Y se produjeron insólitas noticias Ella, que no cree en nada de eso, debería tener más respeto por las gentes sencillas que sí creen.
Una novedad singular la de nueva ficción fue la ampliación de la base social de las recepciones de palacio como si se abrieran al país. Entre las pretendidas medidas modernizadoras destacó la de invitar a la primera recepción del nuevo monarca a los “colectivos” de homosexuales y lesbianas. Pero este asunto fue criticado, ya que la sexualidad es una cuestión privada y no se pueden agrupar a los ciudadanos “como colectivos” por algo tan personal. Ahora sólo falta ir ampliando la lista con colectivos tan respetables como “Soltería Cristina Femenina”, “Asociación Española de Viúdas Católicas”, Federación de Asociaciones de Amigos del Tren”, “Club de Pescadores con caña a la espera”, “Amigos del cocido” y otras tan respetables entidades de la sociedad española.

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