Aquí no hay quien viva

La semana pasada el presidente de venezuela se confesó seguidor de “Aquí no hay quien viva”, la serie de humor que es, salvando las distancias, una especie de comedia de enredo con episodios hilarantes y hasta esperpénticos que hacen la vida divertida en una comunidad de vecinos.
Tengo la impresión que el presidente Maduro, en su inconsciencia, no se percató de que el título de esta serie es como una metáfora de la situación del país caribeño. Porque el llamado Socialismo del siglo XXI engendró un  monstruo cuyas “conquistas” son la inflación más alta del mundo, la escasez de productos básicos, la pobreza generalizada, la pérdida de libertades, la brutal represión y muerte de manifestantes que discrepan, el encarcelamiento de líderes de la oposición, la violencia instada en las entrañas de la sociedad… Un caos político, económico y social que lleva a los venezolanos a pregonar al mundo con los medios de que disponen que, tal como está el país, “aquí no hay quien viva”.
En un nuevo arrebato de incontinencia verbal, Maduro también bromeó con la posibilidad de ganar las elecciones españolas “porque salgo más en la televisión española que Rajoy”. Se le fue la olla. Es verdad que los españoles tenemos una baja auto estima y con frecuencia pensamos que el nuestro es el peor de los países. Pero, salvo los políticos de laboratorio de Podemos, nadie quiere “recuperar” las viejas pesadillas de la escasez y el racionamiento, la miseria y el hambre, la falta de libertades,  la inseguridad y la violencia.
El histrionismo de su caudillo está llevando al abismo a Venezuela que fue un país de acogida para miles de españoles y gallegos en busca de sustento y fortuna. “Esas oleadas de emigrantes, dice el escritor Antonio López Ortega, se hicieron venezolanas y sus hijos o nietos pueden estar ahora protestando por las calles de Caracas o Valencia” luchando por la democracia, las libertades y por un futuro con trabajo en su tierra, tan inmensamente rica como mal gobernada.
Los venezolanos, los españoles y los gallegos de allí necesitan -y merecen- políticos que entiendan que son elegidos para gestionar los intereses del país y velar por el bienestar de los ciudadanos respetando  todos sus derechos, premisa necesaria para recuperar la normalidad democrática. Pero los dirigentes actuales entienden por democracia conquistar el poder para usarlo a su antojo. Una deriva totalitaria preocupante y peligrosa.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar