Clase de religión

¿Es como para escandalizarse el que en una clase voluntaria de religión católica se rece al comienzo de la misma? ¿Significa anomalía alguna el que en una clase voluntaria de religión católica se enseñe que la oración es “una forma de expresión de la amistad con Dios”? ¿Supone irregularidad notoria el que los contenidos de una asignatura voluntaria de religión católica se distancien de lo que podría ser una clase de filosofía agnóstica?
A mí y a quien se acerque al tema sin prejuicios, no me lo parece. Por eso no entiendo mucho el revuelo que en la izquierda política, intelectual y mediática de siempre han causado los currículos para la asignatura en Primaria, ESO y Bachillerato, hechos públicos hace unos días en el BOE. Y lo que ya entiendo menos es que de las correspondientes resoluciones ministeriales se pueda deducir, como no pocos han hecho y repiten, que “los rezos volverán a la clase de Religión”.
Ni rezo, ni rezar, ni expresiones similares aparecen una sola vez en los alrededor de trescientos criterios de evaluación y estándares de aprendizaje evaluables que, por ejemplo, se incluyen en la norma para Primaria y ESO. Y hay que estar muy cegado para concluir que eso de “expresar oral y gestualmente de forma sencilla la gratitud a Dios por su amistad” signifique la imposición de los rezos en las aulas. Es como pretender buscar una aguja en un pajar. En todo caso, ello sólo sería exigible en segundo de Primaria, que es donde figura tal estándar de aprendizaje.
Por otra parte, y en contra de lo que se dice, habrá que recordar que la asignatura de Religión no computará en las pruebas finales de Secundaria ni en Selectividad. Es decir, en los momentos académicos en que un alumno se juega el pase al siguiente. Aunque es lógico que en los demás supuestos puntúe como asignatura que es y que deba ser impartida con el mismo rigor y dignidad que las demás. Salvo que quede reducida, claro, a la consideración de “maría”, que es lo que algunos como mal menor pretenden.
Y a quienes han aprovechado la publicación de los currículos de marras para arremeter contra los acuerdos con la Santa Sede y contra la presencia del hecho religioso en la vida pública invocando a su modo y manera la aconfesionalidad del Estado, habrá que recordarles también que en trece Estados de la Unión Europea la Religión es asignatura obligatoria; que España está dentro de los otros catorce en que es voluntaria u optativa, y que salvo en Francia todos los Estados europeos la sufragan.
No creo que sirvan para mucho estos recordatorios. Porque, como digo, los prejuicios atávicos les pueden.

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