Los bárbaros del Norte

Entre los lugares de obligada visita en Roma está el elegante distrito del entorno de la Piazza di Spagna, una zona ordenada siguiendo los planes urbanísticos papales del siglo XVI que invita a ser paseada calmosamente para saborear la belleza de sus calles, iglesias, palacios y fuentes que se muestran en todo su esplendor.
La Plaza de España, que aparece en todas las guías de Roma y figura en el circuito de recorridos programados, forma un conjunto monumental presidido por la Fontana della Barcaccia encargada por Urbano VIII a Pietro Bernini, ubicada a los pies de la monumental escalinata que lleva a la iglesia de Trinitá dei Monti.

El jueves 19 de febrero, la Plaza de España recibió la visita de unos 500 hinchas del equipo de fútbol holandés Feyenoord que, llenos de alcohol, causaron daños irreparables en la Fuente de la Barcaza destruyendo, dijo el alcalde, “una de las fuentes de uno de los mejores artistas”, además de causar graves perjuicios a turistas y comerciantes que tuvieron que cerrar sus negocios.

Las imágenes valen más que todas las palabras y la imagen de la barca de Bernini destrozada y el vaso de la fuente lleno de botellas, plásticos y demás basura encoge el ánimo de cualquier persona sensible al ver tamaño atentado al patrimonio artístico de la ciudad de Roma y de toda la humanidad.

Quiso el azar que ocho días después viéramos a los milicianos del llamado Estado Islámico destruyendo a golpes de maza estatuas asirias y sumerias en el Museo de Mosul, una brutalidad que conmocionó a todas las personas con sentido de la historia.

En esa escalada de locura destructiva arrasaron la ciudad de Nimrud y las ruinas de Hatra cuyos vestigios, como los de Mosul, pertenecían a toda la humanidad. No busquen otra explicación a estas barbaridades que el fanatismo de los yihadistas y su salvaje entusiasmo por borrar la historia de dos civilizaciones antiquísimas. No es por comparar, pero la atrocidad cultural contra la fuente de Bernini en el corazón de la vieja Europa no fue cometida por yihadistas fanáticos o muchachos desarraigados, sino por “mocitos” acomodados del primer mundo que fueron a buenas escuelas y universidades, pero aprendieron poca educación. Al menos no aprendieron a respetar los bienes y el patrimonio de todos. Tampoco busquen explicaciones a esta atrocidad. Es la incultura de los bárbaros europeos del norte, “nuestros bárbaros” que también tienen seguidores por aquí.

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