El santoral

El gabinete de Rajoy, en su afán por viajar hacia el pasado, se ha convertido en teocrático. Como los reyes medievales, aspira a seguir siendo Gobierno «por la gracia de Dios». Al Generalísimo le dio resultado el eslogan durante cuarenta años. Mariano y algunos de sus ministros, aunque no entren en los anales de historia moderna, por vía de la Lomce podrán subir a los altares en olor de santidad. ¿Qué menos pueden pedir, como san Marín Dumiense, a cambio de sus méritos proselitistas?

Frente al revuelo que se ha montado con la publicación en el BOE de las nuevas directrices para la asignatura de religión católica, debo confesar que las santidades cristianas siempre me han fascinado. Durante el próximo curso nuestros pequeños podrán por fin recibir en sus aulas a santos ejemplarizantes, en apoyo de las tesis de los obispos. Por ejemplo, yo soy muy devoto de san Cucufato. Vino a predicar a Hispania empeñado en convertirse en mártir. Le sacaron las tripas pero él mismo las devolvió a su vientre y se cosió la barriga. Lo condenaron a la hoguera y los ángeles soplaron para liberarlo. De no haber sido por la intervención divina, permitiendo que fuera degollado, no habría alcanzado semejante felicidad que nos está negada a los sin Dios.

Otro protagonista de mis lares es san José, perfecto cabeza de familia, abnegado trabajador y adelantado de su tiempo al ceder el protagonismo de la historia a la esposa. Detrás de una gran mujer, ya se sabe, siempre hay un hombre asustado. José, de no haber sido por el chivatazo del ángel del Señor, ni se habría enterado del asunto del Espíritu Santo. Y aún a sabiendas, cumplió con la unidad de la familia sin sacar los trapos sucios a la calle. Ejemplar.

La Lomce propone «estudiar economía a la luz de la doctrina eclesial» y aquí es donde debe jugar su papel de guía y espejo san Pablo. Él fue el verdadero artífice de la organización de la Iglesia. El primer globalizador de la historia y el creador de la pirámide económica, cuya base extendió por todo el mundo conocido bajo el vértice de Roma. Además, el principal producto de la organización, la fe, no tiene costes de producción, ni de transporte, ni paga impuestos… En estos momentos, del final anunciado para la crisis, la lección es oportuna.

Traigo estos pequeños hitos al papel porque el santoral, que puebla nuestro calendario gregoriano, es una fuente inagotable de sabiduría, de perfección y le da la razón al BOE cuando afirma que Dios existe. Y si está en el BOE, podemos ir en paz.

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