Golpes de fuerza

El Partido Socialista retomó días atrás una práctica de moda en los años de la Transición: la convocatoria de la gran familia socialdemócrata europea para una exhibición de apoyos al líder del momento. En aquellos años, tanto la entonces figura de Felipe González como el propio proceso de restauración democrática fueron referencia relevante en los varios cónclaves habidos. Ahora lo ha sido el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto que ha significado el pistoletazo de salida de las varias campañas electorales en perspectiva.
La segunda gran cita preelectoral ha venido dada por el debate sobre el estado de la nación, donde Sánchez ha mostrado de nuevo su fijación con el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, antes que su diligencia por articular discursos sólidos, constructivos y creíbles. Parece que los árboles no le están dejando ver el bosque.
Pienso en ocasiones que Pedro Sánchez es consciente de su debilidad dentro del partido y que tal vez por ello de un tiempo a esta parte se dedica –para afianzarse- a dar golpes de fuerza. La fulminante destitución de Tomás Gómez y de toda la directiva del PSM ha sido la primera muestra fehaciente. La segunda, la expeditiva forma en que ha puesto al frente del mismo al profesor Gabilondo.
Y la más reciente: su agresivo discurso contra Rajoy en el áspero debate sobre el estado de la nación. Me admira que la oposición política y mediática haya puesto el grito en el cielo por la despedida que le dedicó el presidente. Pero después de haber calificado varias veces de sinvergüenzas a la bancada popular, lo de “patético” no pasó –con perdón- de pellizco de monja si es que siquiera llegó a insulto.
De todas formas, y mirando por encima de los árboles, no habría que desligar la crisis del socialismo español de la que vive en su conjunto la familia socialdemócrata europea, que desde la caída del muro de Berlín, el proceso de globalización y la crisis económica anda buscando cómo redefinir un proyecto ideológico que atraiga a amplias capas de la ciudadanía.
Francia, por ejemplo, acaba de vivir un no pequeño terremoto político a raíz de un más que modesto proyecto liberalizador: la llamada “ley Macron”. Un texto “insignificante” –se ha dicho- y como salido de un grifo de agua tibia”, pero que ha convulsionado al socialismo del país vecino. Los italianos de Matteo Renzi ni están ni se les espera. De británicos y alemanes no se aguardan tampoco grandes novedades. En definitiva: que después del fracasado intento de Tony Blair, no se atisba hoy por hoy en el horizonte el líder que pueda sacar de su ya largo descuadre a la socialdemocracia europea.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar