Desfile de estrellas

No me refiero al desfile de artistas consagrados o noveles por los escenarios en busca del éxito. El verdadero desfile de estrellas es el de los consejeros de la desaparecida Caja Madrid, que están compareciendo ante el juez de la Audiencia Nacional para dar explicaciones sobre el uso de las tarjetas opacas fiscalmente que, titulaba un periódico, “Blesa permitió usar a destajo”.
Haciendo ese paseíllo están políticos, sindicalistas y representantes empresariales, todos ellos estrellas del gasto que brillan con luz propia en ese firmamento del lujo, de la ostentación y del despilfarro. Por eso, es una buena noticia que actúe la justicia, no solo para sacarles los colores, sino para que esta estafa vergonzosa no quede impune y, cuando menos, devuelvan el dinero gastado indecentemente.
Pero los 15,5 millones de euros malversados con las tarjetas son una minucia comparados con los 1.853 millones que 350.000 ahorradores perdieron comprando acciones de Bankia fiándose de la “información oficial” de sus cuentas que resultó ser falsa. Y aquella cantidad representa unas calderillas si la comparamos con el coste del rescate de esta entidad, en torno a 24.000 millones que corren por nuestra cuenta. Por eso, también es una buena noticia que desfilen ante los jueces las otras dos estrellas, Blesa y Rato –y algunos colaboradores necesarios–, usuarios de las tarjetas y responsables en primera instancia de la quiebra de Bankia.
¿Falta alguien en esa pasarela judicial? Sin duda, los supervisores Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España, y Julio Segura, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Ellos tenían que controlar la salud financiera de Caja Madrid, de Bankia y demás entidades del sistema financiero y avalaron la ruinosa gestión de Blesa y la información falsa Rato sobre la situación económica de Bankia para salir a Bolsa. Eso fue lo que dijo en el Congreso el ministro Luis de Guindos, que también apuntó a la entonces vicepresidenta de Economía, Elena Salgado, como responsable última. La responsabilidad no se delega y los supervisores no la ejercieron en el desempeño de la función de control. ¿Desfilarán algún día por la Audiencia Nacional?
Ya no vale solo con rescatar y sanear las entidades. Si queremos regenerar el régimen que nos dimos, ahora tan cuestionados, es necesario que los responsables del desastre financiero rindan cuentas ante la justicia y el país.

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