El exrector del Seminario asegura no ser el autor de un contrato de Castiñeiras

Xuizo Códice Calixtino_Castiñeiras_EP

El antiguo rector del Seminario Mayor Manuel Ferreiro Méndez ha reconocido su firma en un contrato que «presentó» en su día José Manuel Fernández Castiñeiras, acusado del robo del Códice Calixtino, para pedir una indemnización por su despido, aunque ha sostenido, frente al tribunal que juzga el caso, que él no firmó ese documento, ya que no se encargaba de hacer los contratos.

Manuel Ferreiro ha comparecido este jueves como testigo a petición de la defensa en la sexta jornada del juicio por el robo del Códice Calixtino, en el que están acusados tanto Fernández Castiñeiras como su mujer y su hijo.

Durante su declaración, Ferreiro Méndez ha podido ver un supuesto contrato realizado por él mismo a Fernández Castiñeiras y que, según ha contado, el propio exelectricista le exhibió para pedir que trasladase al Cabildo que ejercía sus labores como contratado y no como autónomo. De este documento, el testigo ha reconocido que la que aparece «coincide con su firma», pero ha rechazado de plano que él la realizase.

«No hice ese contrato ni firmé ese contrato», ha asegurado Ferreiro Méndez, quien trasladó en su momento a Fernández Castiñeiras la misma información y no quiso «saber nada» de sus reclamaciones. «No hice contrato a ninguna persona, en todo mi tiempo en el Seminario –Mayor– no hice nunca un contrato a ninguna persona», ha explicado el testigo, al tiempo que ha añadido que este era cometido «de la gestoría».

Asimismo, ha rechazado la autenticidad de un presupuesto para la electrificación del Claustro realizado por una empresa compostelana de instalaciones eléctricas con la que «rompió relaciones» cuando entró en el Seminario. «Desde que yo me hice cargo de la administración, esta empresa para el seminario no hizo ningún trabajo», ha ratificado, por lo que «no pude hacer ese contrato».

La mención de este documento, que, no obstante, el presidente del tribunal ha considerado que no es pertinente en la causa, ha llevado al propio Fernández Castiñeiras a levantarse del banquillo para acercarse a su abogada y ratificar que el sello que apariencia en el mismo se corresponde con el del seminario. Manuel Ferreiro ha rechazado haber realizado este contrato con una empresa y ha precisado que el sello que aparece en la firma «no se utilizaba» cuando él fue administrador, sino que se instauró después de que él dejase el cargo.

FACTURAS

Distintos canónigos que han declarado ante el tribunal han reconocido sus firmas en el visto bueno de varias facturas de trabajos realizados por Fernández Castiñeiras aportadas por su defensa. Entre los trabajos facturados, que pagaba el administrador, se incluye uno del año 2000 por importe de más de 1,2 millones de pesetas, uno de los más voluminosos.

Sin embargo, otras facturas aportadas por la defensa han creado más controversia y un intercambio de opiniones con la acusación, dado que sólo se han presentado fotocopias o, en algunos casos, no coinciden sus «anotaciones» con las existentes en los originales.

DE MOTU PROPIO

El canónigo Ramiro Calvo, que también ha comparecido como testigo, ha contado como Castiñeiras realizaba trabajos de electricidad de manera habitual para la Catedral, bien cuando se lo requerían o bien ‘motu propio’.

Así, ha indicado que el Cabildo llamaba al exelectricista «cuando necesitaban algo», aunque «prácticamente siempre» Fernández Castiñeiras actuaba por su cuenta cuando veía que algo no funcionaba, ya que «para eso estaba ahí». Ramiro Calvo desconoce el momento el que el acusado dejó de trabajar para la basílica compostelana.

Por su parte, el canónigo Alejandro Barral, exdirector del Museo de la Catedral, ha indicado que se prescindió de los servicios de Castiñeiras «por una necesidad técnica» y no por «un asunto de malquerencia».

Barral ha contado ante el tribunal, a preguntas de las partes, que Fernández Castiñeiras se encargaba de las «averías» de la Catedral, aunque lo hacía de forma autónoma. Sin embargo, dadas las «necesidades técnicas» de la basílica, el Cabildo consideró que «era necesaria una atención 24 horas y 365 días» por parte de una empresa.

PUERTAS DE LA CATEDRAL

En la sesión de este jueves ha declarado también el director del Museo de la Catedral, Ramón Yzquierdo, quien ha vuelto a incidir en que las puertas de acceso al archivo se encontraban normalmente cerradas, así como la del despacho del deán cuando él no se encontraba dentro.

Para llegar a la Cámara del Códice, ha indicado Yzquierdo, era necesario entrar por la puerta del archivo, que debía abrirse con llave o desde dentro, mediante un telefonillo. Una vez dentro, el visitante era recibido «por el encargado del archivo». Si no había nadie dentro, ha apuntado,, había «cuatro o cinco puertas cerradas con llave. «Si no eres de la casa, es prácticamente imposible llegar», ha aseverado.

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