La eurozona imita, al fín, a EEUU

Vuelve el dinero a la eurozona. Habrá que administrarlo bien. Sobre todo, habrá que saber invertirlo. Para España pueden venir mejores tiempos, tanto en el mundo empresarial como en el sector público.

Ya está servido el ambicioso programa de compra de bonos del Banco Central Europeo (BCE). Ahora habrá que ir viendo cómo le sienta a los comensales. Se pone así coto, que no fin, a una política europea equivocada. Como dice el premio Nobel Paul Krugman, lo terrible es que la economía europea se ha hundido en nombre de la responsabilidad.

En la sección Cuenta de resultados de La Región vamos a intentar ir hoy al fondo de la cuestión, sin excesiva jerga financiera. ¿Qué quiere decir exactamente una compra de deuda pública de la zona euro, a la que pertenece España?

Para entenderlo tal vez hay que explicar antes dos cosas elementales. El mundo financiero, las empresas, los particulares, los Estados… funcionan con dos tipos de interés. Unos a corto plazo, para el dinero prestado a 12 o 18 meses, y otros a largo, para operaciones a dos o más años, hasta 30 en ciertos casos. Los tipos a corto ya están bajos, debido a decisiones que fue tomando el BCE. Tanto, que se han dado casos de intereses negativos; es decir, hubo quien prestó dinero y pagó para que se lo cogieran, a cambio de seguridad. Pero las operaciones a corto son de alcance limitado en el conjunto de una economía; digamos que con eso no basta.

Lo que ha hecho ahora el BCE es actuar sobre los tipos a largo plazo, algo muy importante, ya que las empresas y las administraciones públicas no se financian a corto para acometer sus grandes inversiones. Al decidir el BCE la compra de bonos a largo plazo, empresas como Telefónica o estados como el Reino de España van a poder financiarse mucho mejor, ya que los bancos, con liquidez, van a tener capacidad de prestarles grandes cantidades de dinero a tipos bajos. Incluso las pymes se van a beneficiar, ya que operaciones habituales en ese tipo de empresas, como un leasing, se verán afectadas por la rebaja de los tipos a largo plazo.

En el caso de España, como hay un acuerdo para comprar deuda, el Estado se ahorrará mucho dinero por dos vías: una, porque podrá financiarse a tipos más bajos, y otra, porque podrá refinanciar deuda cara, convirtiéndola en deuda más barata. La consecuencia inmediata será un menor déficit público, con lo cual el Estado podrá invertir más y gastar menos en intereses.

La reactivación de la economía se acelerará, ya que van a confluir positivamente las actuaciones de las empresas y de las administraciones públicas. Les costará menos endeudarse y podrán sustituir deuda cara por barata.

¿Ganan todos? No. Los que pueden perder en este nuevo escenario son los ahorradores. Un ejemplo, hasta ahora compraban bonos y les daban un 4% o incluso más. Ahora les darán la mitad o menos, con lo cual sus rendimientos, imputados los impuestos, tenderán a cero. Esta es la razón que explica que los alemanes estén en contra de esta política, ya que sus ahorradores correrán riesgos que no tenían y sus empresas soportarán una nueva competencia dentro de la eurozona.

En buena lógica, las emisiones privadas se harán más atractivas y la Bolsa se dinamizará, al volver al mercado de renta variable los ahorradores y los fondos de inversión refugiados en la deuda pública. En España es probable que se vean de nuevo operaciones importantes de algunas constructoras.

Nada nuevo bajo el sol. Hace varios años que la Reserva Federal hizo lo mismo en EE UU. Los mismos años que lleva Paul Krugman descalificando la política de Angela Merkel y de la troika.

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