El Códice Calixtino fue localizado por indicación del hijo de Castiñeiras

Codice Policia 1

El hijo de José Manuel Fernández Castiñeiras, también acusado dentro de la causa por el robo del Códice Calixtino, fue la persona que informó a la Policía de la existencia de un trastero en la localidad de O Milladoiro en el que, posteriormente, se encontraría el manuscrito medieval.

Así lo ha afirmado este lunes Antonio Tenorio, jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional y persona que lideró la investigación policial que recuperó el Códice Calixtino en julio de 2012.

A preguntas de las partes, Antonio Tenorio ha defendido el proceso de registro de las propiedades de los tres acusados, que «prestaron consentimiento» para estas diligencias y a los que «se les informó de la presencia de letrados para asistirles».

Tenorio ha contado cómo los agentes realizaron los registros en las viviendas habituales de Fernández Castiñeiras y de su hijo -ambas en O Milladoiro–, en una casa en Negreira y en otra vivienda en Sanxenxo, donde recabaron una gran cantidad de dinero en metálico e «ingente cantidad» de documentación de la Catedral. Además, registraron dos plazas de garaje.

Al día siguiente de estos registros, ha sostenido Antonio Tenorio, fue el propio hijo de Fernández Castiñeiras, en el calabozo, el que les trasladó que su padre tenía en propiedad otra plaza de garaje, que usaba «como trastero», en un edificio próximo. En esta ubicación, que fue registrada esa jornada, se localizó el manuscrito medieval.

DILIGENCIA POLICIAL

Tenorio ha defendido además, ante las preguntas de la defensa, el procedimiento empleado para el registro de este trastero, al que no acudieron los acusados ni el juez instructor. En concreto, el responsable del operativo ha destacado que «estimó» esta actuación como una «diligencia policial», dado que no se trataba de una vivienda ni se encontraba anexo a la misma.

Aunque informó al juez instructor «por deferencia», Antonio Tenorio ha señalado que este tipo de intervenciones sólo requieren de la presencia de la Policía y de testigos, en este caso dos. A mayores, ha indicado, se vio procedente no trasladar a los acusados dado que el operativo «llevaba detrás toda la prensa de Galicia y parte de la de España», ha recordado.

El Códice Calixtino estaba depositado en este trastero «bastante oculto», entre «una caja de cartón» y envuelto en periódicos y bolsas. «A simple vista no se veía», ha explicado.

DESDE EL PRINCIPIO

Antonio Tenorio sospechó de Fernández Castiñeiras «desde el principio», aunque no fue la única persona investigada inicialmente. Del acusado, un hombre «muy religioso» y «parco en palabras», el agente ha destacado que era conocido que tenía «desavenencias con el clero» a raíz de una indemnización que «él creía que se le debía».

A pesar de que el robo de dinero se había extendido supuestamente a lo largo de los años, para Antonio Tenorio el motivo del robo del Códice fue la «inquina» derivada de la «problemática laboral con la Catedral» y, de forma particular, hacia la figura del deán José María Díaz, quien creía que le «iba a arreglar estas discrepancias» al hacerse con el cargo.

«En ese momento empeoraron las relaciones y él lo refiere en su declaración, que era una forma de decirle al deán ‘ahora te vas a enterar'», ha indicado Tenorio, quien, no obstante, cree que Fernández Castiñeiras «no tenía pensado vender ni destruir» el manuscrito, si no que «en su mente estaba restituirlo en el año 2014, cuando finalizaba el mandato del deán».

Entre los elementos «determinantes» para focalizar su investigación el Fernández Castiñeiras, Antonio Tenorio ha recordado que «no pasaron desapercibidas» las imágenes que permiten ver al acusado en el claustro de la Catedral en los días en los que desapareció el Códice.

Asimismo, en una zona de la Catedral en la que Fernández Castiñeiras guardaba «material eléctrico de deshecho» y que estaba a su disposición se localizaron, dentro de una bolsa, unas llaves con una etiqueta en la que se podía leer «Arch. Cat.» –Archivo de la Catedral–. «Se nos refirió que ese lugar era para que él lo utilizase y nos llamó la atención porque en declaraciones previas nos había referido que jamás había tenido llaves del archivo»; ha recordado el jefe de la brigada.

Ante la Policía, Fernández Castiñeiras reconoció ser el autor del robo del Códice y de la sustracción de dinero, así como propietario de los cuadernos que se le incautaron y donde aparecían inscritas las cantidades de dinero robadas. Además, en un momento de su declaración ante la Policía hizo referencia a que «buscaba la diagonal del claustro para que no le grabasen las cámaras» y reconoció disponer de las llaves de la caja fuerte.

Las llaves que se le incautaron a Fernández Castiñeiras, más de 100, fueron cotejadas e identificadas como de puertas de distintas estancias de la Catedral. En el caso de la del Archivo, fue comparada con otra que guardaba el deán, dado que cuando se localizó el Códice ya se había cambiado la cerradura.

NADIE MENCIONÓ EL DINERO

Entre otras cuestiones, Antonio Tenorio ha recordado la localización en las viviendas de Castiñeiras de distintas cantidades de dinero -más de 1,7 millones–, que no se encontraba «a la vista» aunque tampoco oculto «bajo llave».

Según ha reconocido el jefe de la brigada, en la solicitud de entrada y registro de las propiedades no se menciona esta cuestión, dado que «se desconocía absolutamente que hubiese dinero». «Nadie refirió que de la Catedral faltase dinero, nadie lo denunció y no lo sabíamos», ha recordado Tenorio.

De hecho, no fue hasta después de detenido Castiñeiras e identificadas como de la administración llaves en su poder cuando la Catedral trasladó a la Policía que había faltado dinero de la caja y que había una cámara de grabación que «nunca se había visionado».

 

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