Peatones, plataformas, calzadas y aceras

Recuerdo que tenía poco más de 18 años cuando mi hermano, en condición de responsable y presentador del alumno, me acompañó hasta el campo de la feria de Ourense, donde me examiné para obtener el carné de conducir. Eran los mediados de los años sesenta en los que las calles no estaban tan contaminadas por el combustible de los automóviles, ni el número de estos era tan elevado que pusiera en peligro a los peatones. Mi examen lo realicé en concepto de alumno libre. No fui a ninguna autoescuela de las pocas que había en aquel entonces; las prácticas las hice con el automóvil que tenía mi familia, un 600 –aún recuerdo su matrícula, OR 6347–, y en él me presenté al examen.
Todo esto viene a cuento, querido lector, por la nueva circulación que nos van a imponer en base al reglamento que desarrolla la Ley de Tráfico que hace algo más de un año aprobó el Gobierno. Reconozco que si me tengo que volver a examinar, como en los mediados de los 60, lo iba a tener más que crudo. Analicemos la situación.

En el texto articulado hay cosas que nos sorprenden y otras resultan un tanto chocantes. En el elenco de estas últimas, señalar que el reglamento recoge que quedan obligados a pruebas para la detección de alcohol, no solo los conductores, sino también los denominados “usuarios de la vía cuando se hallen implicados en un accidente de tráfico o hayan cometido una infracción”. Esta definición de “usuarios de vía” ha sido criticada por el Consejo de Estado.

Para mí, la denominada como plataforma única de calzada y acera es un “todo” de un “algo” que sigo sin entender, y que se define como “un nuevo modelo de calle”, donde ésta se convierte en una “zona de coexistencia compartida entre peatón, bicicleta y vehículo de motor”. Son zonas especialmente diseñadas y acondicionadas, dicen, para favorecer el tránsito peatonal, y en donde los vehículos no podrán circular a velocidad superior a 20 km/h. El peatón tiene prioridad de paso en cualquier punto de la calzada.

A partir de ahora bicicletas y peatones tienen que ir de la mano. Las primeras se convierten en un vehículo más de la calzada. Para ello es necesario que se regule la cohabitación y coexistencia con peatones en aquellos lugares que no cuentan con carriles específicos para su circulación.

Dicen que nos van a subir el límite de velocidad en autopistas y autovías dejándolo en 130 km/hora. Sujeten su pie derecho, el que va en el acelerador, porque siempre hay un pero, y si no lean: “de forma temporal y en tramos en los que existan índices contrastados de seguridad, buenas condiciones de trazado y pavimentación, y óptimas condiciones meteorológicas y ambientales”. Lo que sí es cierto es que se reduce el límite desde 100 km/h hasta los 90 km/h o incluso los 70 km/h en determinadas zonas.

¡Ojo al parche!, que diría un castizo, los encargados de las multas, que ahora no se tendrán que notificar de forma directa, van a trabajar más que nunca. O sea, con puro sentido recaudatorio. Nada nuevo en el horizonte. Como es ahora y seguirá siéndolo.

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