El mito de la tolerancia

Como señala Jorge Álvarez, la influencia de la invasión musulmana de España y la posterior reconquista han dado pie a infinidad de relatos y ensayos históricos. Hoy en día, las tesis islamófilas y arabizantes han calado, además de entre legiones de periodistas y comunicadores, en nuestro sistema educativo. La Reconquista es interpretada como un episodio más bien sombrío que al homogeneizar los reinos españoles los privó de la riqueza que aportaban las otras culturas establecidas en España.

En cuanto a la mítica convivencia de las tres culturas, Julio Valdeón, escribe: “Más que convivencia, habría que decir coexistencia. Alfonso X el Sabio (1221-1284) tuvo mucha relación con judíos y musulmanes en la Escuela de Traductores de Toledo. Sin embargo, en su obra Las Partidas se lee: «Los judíos están como testimonio de que a Cristo y con la esperanza de que algún día se conviertan». Decir «os admitimos porque os daréis cuenta de vuestro error» no es tolerancia. Pero probablemente coexistieron más que en otros países de Europa. Cuando los cristianos llegaron a Toledo, Alfonso VI (1040-1109) firmó el decreto llamado Carta inter cristianos et judíos, que establece que hay que tratar igual a unos que a otros”.

Nadie puede poner en duda en nuestros días, que por una u otra parte, la coexistencia de las tres religiones en España estuvo marcada por la presión del grupo en cada ámbito dominante sobre los minoritarios. Pero con el Corán en la mano es insostenible, en lo que a esto respecta, lo que hoy en día pretende presentarse como modelo de convivencia. No lo fue, lamentablemente.

Cristianos y judíos son para el Corán “gentes del libro”. Cierto. Pero su nombre apropiado es “dimmies”; es decir, al tiempo gente protegida (porque han recibido la revelación) y culpable porque no aceptan el islamismo. Por lo tanto: o se someten, o se les hace la guerra y destruye, o pagan un impuesto y son ciudadanos de segunda. El califa puede hacer la “yihad” contra ellos, porque se han resistido al Islam. Pueden vivir entre los musulmanes, pero sometidos a severas restricciones. Aquellos pueblos sometidos al Islam que no asuman su fe deben, en el mejor de los casos, pagar la “jizya”, el tributo especial para los no musulmanes. Hoy en día, en Arabia Saudita, que financia las mezquitas sembradas por Europa, enviar una simple felicitación de Navidad entre cristianos puede ser considerado un delito, al ser interpretado, conforme a la Sharía, como propaganda de una religión contraria al Islam.

Apunta Álvarez: Esta visión lleva acompañada otra, la utópica reconstrucción de un Al Ándalus mítico, pleno de tolerancia y foco irradiante de una cultura superior a la española. Esta tesis causó y causa furor entre los círculos progresistas y demás amigos de lo políticamente correcto. Escribir la historia de España en clave negativa ha supuesto de antiguo una tentación a la que la izquierda en general nunca ha podido resistirse. La razón es sencilla, mucho más de lo que parece. La Historia de España está en parte marcada por un espíritu religioso incontestable.

La intelectualidad izquierdista española siempre ha odiado ese aspecto. Y como negarlo es imposible, hay que tratar de demostrar que todo lo religioso ha supuesto y supone para España, intolerancia, oscurantismo y atraso. España, según este pintoresco punto de vista, ha sido siempre un país ignorante y aislado de la modernidad por el poder inmenso que la Iglesia Católica ejerció tradicionalmente sobre nuestros gobernantes. Sólo cuando en nuestra historia aparecen los primeros ilustrados, seguidos de los jacobinos afrancesados, los masones y finalmente los socialistas, podemos empezar a hablar de progreso, de justicia y de libertad.

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