Las declaraciones revelan «desfases» contables en la Catedral compostelana

La tercera jornada del juicio por robo del Códice Calixtino ha sacado a la luz «desfases» contables en la Catedral de Santiago que se remontan años antes a la desaparición del manuscrito en 2011, con «sustracciones considerables» que nunca fueron denunciadas a las autoridades.

Así lo ha revelado en su declaración como testigo Manuel Iglesias, el encargado de administrar las cuentas de la Catedral entre 2002 y 2011, quien ha explicado que en «un arqueo» realizado «en 2003» detectó un «desfase» contable entre lo recaudado y lo que había en las cajas fuertes.

Sin embargo, no fue hasta el año 2009, tras años en los que, según ha dicho, faltaba dinero de forma periódica, cuando dio orden de poner una cámara de seguridad en su despacho –aunque no fue instalada hasta 2010–, en donde se encuentran las cajas fuertes, para localizar al causante de estos robos.

De estas desapariciones de dinero Iglesias sólo informó al deán, José María Díaz, y no lo comunicó ni al Cabildo del templo, que funciona como órgano de gobierno, ni a la Policía. Según lo relatado por el deán –a quien le ha sonado hasta tres veces su teléfono durante el juicio– ese aviso de Iglesias no llegó hasta que le dijo que era necesario instalar una cámara y sin concretar la cantidad.

Iglesias ha explicado que se lo comunicó únicamente al deán por «las consecuencia negativas que pudiera tener» que más gente lo supiera y con el fin de no crear «alarma». Mientras tanto, Manuel Iglesias era el máximo encargado de realizar pagos, también en mano (que, según ha dicho, siempre registraba), y de llevar la contabilidad.

La narración de Manuel Iglesias ha provocado que el juez haya intervenido, realizando varias preguntas al exadministrador sobre la «pasividad» mostrada ante las sucesivas faltas de dinero, dado que las faltas fueron detectadas desde 2003, pero no se actuó poniendo cámaras hasta 2010, y ni siquiera entonces informó a las autoridades y a los miembros de la Catedral. «Yo tenía la certeza de que algún día descubriríamos la causa», ha respondido este testigo.

El presidente del tribunal que juzga a Castiñeiras ha llegado a preguntar de forma directa si existía una contabilidad «ficticia» en la Catedral para hacer cuadrar los desfases. En su respuesta, el exadministrador ha admitido que se hacían «ajustes» a «tanto de alzada» y se «regularizaba la caja».

En esos años, Iglesias estuvo acompañado por hasta tres contables diferentes para hacer los recuentos, y ha explicado que su proceder pasaba por mandar el grueso del dinero al banco una vez al mes a través de Prosegur, que venía a recogerlo a la Praza de Praterías y se usaba un sistema de poleas para bajarlo.
AL SIGUIENTE ADMINISTRADOR «NUNCA» SE LE INFORMÓ

Tal es el desconocimiento que existía en la Catedral de los desajustes en la contabilidad, que en la declaración que ha hecho esta mañana el administrador que le siguió en el puesto en 2011, Luis Otero Outes –que se encargó de las cuentas de la Catedral hasta 2012–, ha asegurado que «nunca» nadie le informó de que hubiese desfases contables o se hubiese robado dinero, tan solo que se había instalado una cámara para vigilar por si entraba alguien.

De hecho, entre 2011 y 2012, Iglesias, que ya no ejercía de administrador, seguía encargándose personalmente de lo recaudado en colectas y el museo de la Catedral. «No me comentó que faltaba dinero», ha asegurado Otero Outes, tan solo «hacia el final» le dijo que «empezaba a haber una sospecha».

Por su parte, Luis Otero Outes ha declarado que durante el periodo que él fue administrador –entre 2011 y 2012–, que fue también cuando robaron el Códice, este encargado de las cuentas no detectó que faltase dinero.

Tampoco creyó relevante Iglesias informar a la Policía en su declaración del 18 de septiembre de 2012 sobre la desaparición de dinero de la caja fuerte, aunque no recuerda el por qué, pero ha dicho que no le preguntaron sobre eso, sino por el Códice.
NO VIERON LAS IMÁGENES DE LAS CÁMARAS

Una de las cuestiones sobre las que más preguntas ha recibido Manuel Iglesias ha sido sobre la instalación de una cámara de seguridad en su despacho, en el que había dos cajas fuertes para guardar el dinero.

El exadministrador instaló una primera cámara de seguridad en 2010, que se detectó que no funcionaba y fue necesario cambiarla por una segunda cámara. Así las cosas, Iglesias ha dicho que contaba con una clave para poder ver las imágenes registradas, pero en el plazo de «un año» no fue capaz de encontrar a nadie que le ayudase a poder visualizar lo grabado, dado que él desconocía el mecanismo para hacerlo, y, como en 2011 dejó de ser administrador, ya no incidió en el tema.

Sin embargo, el testigo ha reconocido que llegó a poner lo que identifica como «cebos» con «poco dinero» de «1.000, 2.000 o 3.000 euros» en la caja fuerte más pequeña de las dos existentes para atraer al supuesto ladrón y poder verlo en las imágenes, aunque no llegó a visionarlas.

Además, la clave para poder ver las imágenes «se extravió» en un periodo de tiempo no determinado en el interregno entre la salida de Iglesias como administrador y la entrada de Otero Outes en su puesto, quien tampoco llegó nunca ver lo que se había grabado.
EL ACUSADO, DE CARÁCTER «AGRESIVO»

En otro orden de cosas, los miembros de la Catedral que mantuvieron mayor contacto con Fernández Castiñeiras, el entonces deán José María Díaz y el exadministrador Manuel Iglesias; han analizado la personalidad del acusado y han dibujado cómo pasó de ser personal de «confianza» a mostrar un carácter «agresivo» tras interrumpir su relación laboral con la basílica.

Aunque después de la aparición del Códice José María Díaz atribuyó el robo a la «codicia» personal, en su declaración durante el juicio el exdeán ha dejado claro que la actitud de Castiñeiras se volvió «agresiva» con él tras romper su relación laboral, antes del robo.

En el periodo anterior, Fernández Castiñeiras fue «amable y servicial» para el entonces deán. «Nunca hablaba mal de nadie y las conversaciones conmigo derivaban en temas espirituales», ha señalado Díaz, que llegó a visitarlo cuando sufrió el ictus.

No obstante, las relaciones cambiaron cuando Díaz fue nombrado deán y Fernández Castiñeiras fue despedido. «Él creyó que yo tenía poderes para solucionar las exigencias que me planteaba y la relación cambió», ha contado Díaz. Castiñeiras reclamaba a la Catedral una indemnización por «despido improcedente» y «creía que una orden» de Díaz «bastaba para que se hiciese».

Teniendo en cuenta esta situación, Díaz cree que Castiñeiras fue a por el Códice sabiendo el cariño que le tenía. «Siempre decía que el mayor disgusto que me podía suceder en la vida era que le pasase algo al Códice», ha asegurado.

Aunque dejó de trabajar en la basílica sobre 2005, los testigos han confirmado que la presencia en la Catedral del exelectricista era constante por una «autorización implícita» derivada de sus años de relación. Aún así, existían «sospechas» desde algunas voces. «¿Se puede decir que era una persona de confianza?», ha preguntado el abogado de la acusación al exadministrador de la Catedral. «Para mi no lo era», ha sentenciado el testigo.
LE AMENAZÓ «CON UN PALO»

De hecho, Iglesias ha sostenido que, tras romper la relación laboral, el exelectricista «llegó a amenazarle» diciéndole que «conocía todos» sus «hábitos de vida» y que había «pagado 300 euros a un marroquí» para que le «diese una paliza». «Me dijo que era el dinero mejor gastado de su vida», ha apuntado.

Según el mismo testigo, Fernández Castiñeiras también se presentó en una ocasión «con el traje de faena» en la Sacristía y le amenazó «con un palo», diciendo que, si salía a decir misa, «iba a haber más que sangre».

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