El acceso a la caja fuerte de la Catedral centró la tercera jornada del juicio del Códice

Xuizo Fernández Castiñeiras_roubo Código Calixtino_primeira xornada da vista

El deán de la Catedral de Santiago en el momento del robo del Códice Calixtino, José María Díaz, no recuerda haber mencionado nunca el lugar en el que se encontraba el manuscrito medieval a su presunto ladrón, José Manuel Fernández Castiñeiras, quien, no obstante, sospecha que conocía el profundo cariño que el religioso guardaba por el libro. «El mayor disgusto que me podía suceder en la vida era que le pasase algo al Códice», ha asegurado Díaz.

El exdeán de la Catedral ha comparecido este miércoles en los juzgados de Santiago como testigo en el marco del juicio que se celebra por el robo del Códice Calixtino, en el que están acusados tanto Fernández Castiñeiras como su mujer e hijo.

En su declaración, a preguntas del Ministerio Fiscal, José María Díaz ha indicado que no recuerda haber mostrado o hablado del Códice Calixtino con el acusado, aunque ha admitido que, cuando realizó la instalación eléctrica en la entrada de la cámara de seguridad que lo guardaba, pudo «comentarle» que ahí estaba «el mayor tesoro» de la Catedral.

No obstante, el exdeán ha apuntado que era de conocimiento público en la Catedral el profundo cariño que le tenía a este manuscrito, algo que él mismo pudo decirle a Fernández Castiñeiras o llegar a sus oídos por otra fuente. «Siempre decía que el mayor disgusto que me podía suceder a mi en la vida era que le pasase algo al Códice, seguro que me lo oyó a mi mismo o a alguien», ha sentenciado.
UNA PERSONA DE CONFIANZA QUE CAMBIÓ

El exdeán ha señalado que, durante su relación laboral con la Catedral, Fernández Castiñeiras fue «amable y servicial». «Nunca hablaba mal de nadie y las conversaciones conmigo derivaban en temas espirituales», ha señalado José María Díaz, que llegó a visitarlo en su domicilio cuando sufrió el ictus y le dejó las llaves de su casa para realizar arreglos, aunque se las «devolvió».

No obstante, las relaciones cambiaron cuando Díaz fue nombrado deán y Fernández Castiñeiras fue despedido. «Él creyó que yo tenía poderes para solucionar las exigencias que me planteaba y la relación cambió», ha contado Díaz a preguntas de la acusación. Además, ha precisado que el acusado «adoptó una postura bastante agresiva».

El acusado de robar el Códice reclamaba entonces a la Catedral unos 40 millones de pesetas por «despido improcedente» y «creía que una orden» de José María Díaz «bastaba para que se hiciese», algo que el exdeán ha descartado. «El deán es un ‘primus inter pares'», ha indicado, para concluir que Fernández Castiñeiras «creía que los atributos del deán eran superiores a los de la ley».
LLAVES DEL ARCHIVO

En su declaración, José María Díaz ha afirmado que «nunca» dio las llaves de la caja fuerte en la que se custodiaba el Códice a Fernández Castiñeiras, ni tampoco le dio los documentos personales que aparecieron en el domicilio del acusado y que hoy ha identificado como propios.

El exdeán ha recordado que el administrador, en su momento, autorizó a Castiñeiras a «electrificar el archivo» donde se encontraba la cámara del Códice e «instalar deshumidificadores». En ese momento, ha admitido, pudo «dejarle una llave» del archivo –cuya antesala permanecía «cerrada»– para que el exelectricista, que realizaba «jornadas muy largas», pudiese salir a comprar material y «volver a entrar».

Díaz también ha contado que la cámara en la que se encontraba el Códice tenía dos llaves exteriores de las que disponían los dos técnicos del archivo y él mismo. No obstante, «durante el día estaban puestas» en la caja para facilitar el acceso a los estudiosos a la distinta documentación que allí se guardaba.

Uno de los colaboradores del archivo fue el que se percató, el 5 de julio de 2011, de la ausencia del manuscrito, una pieza «completamente excepcional» del archivo, mientras hacia el repaso y cierre de las instalaciones. «Llamó a mi casa a las 20.00 horas y me presenté allí y llamamos a Arturo -el otro colaborador–. Entre los tres revisamos minuciosamente la cámara y la sala contigua por si, por cualquier descuido, lo pudiese haber sacado yo. Cuando tuvimos la certeza plena de que no estaba, fuimos a la Policía», ha narrado el exdean.
FACSÍMILES Y DINERO

Tras recuperar el Códice en «perfecto estado», la Policía informó a José María Díaz de que habían localizado varios facsímiles del libro, momento en el que se dió cuenta de su sustracción. Según ha narrado este martes ante el juez, fue entonces cuando revisó el armario cerrado en el que se encuentran y comprobó que la primera línea de facsímiles estaba íntegra, pero que habían sustraído varios de la línea posterior.

Sobre la falta de dinero, el entonces deán fue informado por el administrador de la Catedral, Manuel Iglesias, de que se iban a instalar en un despacho cámaras de seguridad, dado que «creía que faltaba dinero», aunque no le precisó la cantidad. Este administrador, ha apuntado, «no quería que nadie entrase en su despacho personal», donde estaban las cajas fuertes y donde una cámara grabó a Fernández Castiñeiras. No obstante, el deán ha reconocido que no mencionó el robo de dinero a los investigadores porque no se consideró que tuviese «relación» con la desaparición del Códice.

José María Díaz ha llegado a los juzgados de Santiago acompañado de otros integrantes del Cabildo y ha entrado en la sala en actitud relajada y saludando al público asistente a la vista. Durante su declaración, que ha durado casi dos horas, se ha mostrado tranquilo, ha recordado los elementos preguntados por las partes –aunque ha mostrado varias dudas con respecto a las fechas– y se ha alegrado de ver documentación que creía perdida, como una fotografía del arzobispo de Burgos. «La echaba de menos», ha indicado.

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