A su manera, Europa ha hecho los deberes

Frente al dólar, el euro sigue marcando mínimos en 11 años. Lo hace en vísperas de saberse si el Banco Central Europeo (BCE) compra deuda pública con ciertos límites, de los que -¡cómo no!- ya es sabedora la canciller alemana Angela Merkel, sin cuya bendición nada es posible en esta Europa. Todo parece indicar que cada banco central comprará solo títulos de su país, hasta un tope del 25% del volumen de deuda en circulación. En el caso de España, unos 250.000 millones de euros.

Mientras todo eso se cuece sin salir de Alemania, la caída de los precios se extiende a la mayoría de los países de la eurozona, entre ellos España, debido a la rebaja del precio del petróleo pero también a la situación financiera. Es verdad que la inflación subyacente no es negativa, ya que si se eliminan los precios de los carburantes y de los alimentos frescos, el IPC sería neutro, pero aun así la situación es excepcional y terminará por cambiar.

Hace justo ahora dos años, nos planteábamos tanto en esta sección de La Región como en el libro Cómo salir de esta que debía hacer Europa ante la crisis española, que por aquel entonces asustaba dentro y fuera del país, ante el riesgo de un rescate financiero. Básicamente, tres cosas, decíamos: una, que bajasen los tipos de interés, de modo que España pudiera financiarse en los mercados; dos, como reclamaba Mariano Rajoy, que fructificasen cuanto antes las medidas financieras, empezando por la recapitalización (o resolución) de bancos como Bankia o Novagalicia –ahora Abanca-, y tres, que se fuese devaluando el euro, hasta niveles de 1,15 o incluso 1,10 con respecto al dólar.

Han pasado dos años y los tres objetivos están prácticamente cumplidos. Los tipos están por el suelo, la banca española fue rescatada –eso sí, a costa de los impuestos de los contribuyentes- y el euro cotiza a 1,15 dólares, el nivel más bajo desde finales de 2003, cuando a mediados del año pasado rondaba los 1,40 dólares.

En este nuevo escenario, tanto Europa como España podrán recuperarse exportando más, no solo a EE UU, sino a todas las áreas dominadas por el dólar; es decir, la mayor parte del mundo, salvo Rusia y África.

En los últimos tres años, el BCE ha bajado los tipos de interés a mínimos históricos y, gracias al anuncio de ciertas medidas no convencionales, ha conseguido reducir las primas de riesgo de los países bajo presión como España. Pero con eso no es suficiente. Hay deberes internos que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, no puede hacer con un mando a distancia.

La recuperación vendrá del exterior y terminará por germinar en el interior, cuyo mercado está ahora bajo mínimos. También cabe esperar que España exporte más, que importe menos y que reciba más turistas con dólares en la mano. ¿Sin costes a cambio? No. La otra cara de la moneda traerá menos salidas de turistas al exterior. En realidad, no solo en España, sino en toda Europa, aunque con excepciones, como Reino Unido o Noruega.

Alain Juillet, uno de los mayores expertos europeos en inteligencia económica, entendida esta como salvaguarda de la competencia nacional y acción conjunta del gobierno y las empresas en defensa de la economía de un país, cree que Europa debe saber reaccionar en un momento en el que el centro económico del mundo está desplazándose a Asia. “Europa es ya una parte más y no parece que vaya a ser el centro del mundo”, advierte.

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