Privilegios de musulmanes en España

El teólogo liberal Hans Küng en un libro clásico (El Islam, historia, presente y futuro. Editorial Trotta, Madrid, 2004) escribió hace años, con respecto a lo que venía ocurriendo en la laica y republicana Francia, donde los conflictos entre musulmanes y la sociedad civil republicana han ido en aumento hasta nuestros trágicos días: “¿Hasta dónde se debe hacer concesiones a los distintos grupos de presión musulmanes? ¿Se puede consentir que las muchachas musulmanas no asistan, por presión de los padres, a las clases de biología y educación física, ni tomen parte en las excursiones de su grupo escolar? ¿Que hagan descansos para orar en medio de los exámenes y que exijan menús especiales para la comida de mediodía en las cantinas de las escuelas? ¿Que los musulmanes se nieguen a ser visitados y tratados en los hospitales por personal del sexo opuesto? ¿Que reclamen un sector musulmán segregado (carré musulman) en los cementerios públicos o solares municipales para mezquitas y quizá también para piscinas especiales? ¿¿y que, por último, no se respete el principio de la igualdad de derechos, violado con el envelamiento impuesto con frecuencia a las mujeres y niñas por sus padres y hermanos o con los matrimonios arreglados por los progenitores?
Hans Küng añade incluso que “los pesimistas ya temen que, en el futuro, los tribunales europeos tendrán que mostrarse comprensivos con los “asesinatos por honor”, los “matrimonios obligados”, la privación de libertad a mujeres y muchachas jóvenes y la mutilación genital, así como con quienes se tomen la justicia por su mano tras haber sufrido una «afrenta»: en todos estos casos, piensan que el contexto cultural tendrá que ser tenido en cuenta, al menos, como atenuante”.
Lo curioso es que mucho de lo que teme Küng hace años que se concede en España: Recientemente se produjo un gran revuelo, cuando una opositora a una plaza de funcionaria de la Xunta de Galicia, que debería examinarse con varios cientos de aspirantes, invocó su condición de musulmana para exigir que se le cambiará la fecha da la prueba general, que coincidía en viernes por otro día no santo para el Islam. De este modo, se evitó los agobios de decenas de competidores compartiendo con ella el local de los exámenes, y pudo realizarlo tranquilamente en solitario.
En realidad, tenía derecho, según las concesiones –iguales para los judíos con respecto al sábado- contenidas en la Ley 26/1992, de 10 de noviembre, por la que se aprueba el Acuerdo de Cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España, BOE 272, de 12 de noviembre de 1972, y que entró en vigor al día siguiente.
Dice el artículo 12 de esta Ley que los miembros de las Comunidades Islámicas pertenecientes a la Comisión Islámica de España que lo deseen, podrán solicitar la interrupción de su trabajo los viernes de cada semana, día de rezo colectivo obligatorio y solemne de los musulmanes, desde las trece treinta hasta las dieciséis treinta horas, así como la conclusión de la jornada laboral una hora antes de la puesta del sol, durante el mes de ayuno (Ramadán).
Los alumnos musulmanes que cursen estudios en centros de enseñanza públicos o privados concertados, estarán dispensados de la asistencia a clase y de la celebración de exámenes, en el día del viernes durante las horas a que se refiere el apartado anterior, y finalmente, los exámenes, oposiciones o pruebas selectivas convocadas para el ingreso en las Administraciones Públicas, que hayan de celebrarse en los días anteriores, serán señalados, para los musulmanes que lo soliciten, en una fecha alternativa, cuando no haya causa motivada que lo impida.
Es fácilmente constatable que los musulmanes gozan en España de una especial protección por parte de algunas instituciones o poderes del Estado, dado lugar en ocasiones a situaciones sorprendentes. Recientemente, el Tribunal Supremo otorgó la nacionalidad española por residencia a un ciudadano marroquí al que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) acusó de pertenecer al movimiento religioso Tabligh Jammaat (Congregación para la Propagación del Islam). Pese a los argumentos del abogado del Estado, la Sala de lo Contencioso resolvió que este vecino de Sevilla, carnicero de profesión y con familia, “está perfectamente integrado en la sociedad española”, como exige la ley, y no hay ninguna prueba de que sea militante del movimiento fundamentalista tabligh. El CNI tenía claro que las actividades del mencionado sujeto no eran compatibles con su integración en la sociedad española.
La Umma o comunidad de creyentes del Islam comprende a todos aquellos que profesan la religión del Profeta Mahoma independientemente de su nacionalidad, origen, sexo o condición social. No hay vuelta atrás, la apostasía no se permite y se paga con la vida como remedio general. Dicho de otro modo, la Umma es como un círculo cerrado, dentro del cual solamente se instalan los musulmanes. Dar el Islam es la Casa de Dios. La Umma, la comunidad de los creyentes. Fuera, es decir, Dar el Hard, está la “”casa del pecado”, los infieles.
Esta es la doctrina: “Sólo los musulmanes forman una comunidad. No existe semejante cosa como la comunidad internacional. La ley internacional es una ilusión. Las constituciones no tienen ni justicia ni poder. El poder únicamente pertenece a Allah”. Los derechos humanos son un engaño. Es una obligación, con excusas condicionantes, luchar Yihad (guerra santa) bajo el mando de un jefe legítimo. A los otros se les hará la guerra hasta que acepten la unidad de Allah. Se previene a los musulmanes de tomar a judíos y cristianos como amigos, puesto que son enemigos”. Se reemplazarán las vergonzosas formas de la ley romana, revisadas y corrompidas, primero por célibes sacerdotes cristianos con inclinaciones sádicas, después por modernistas judeo-laicos. El Islam vivo está en vía de destruir el esclavizante mito de la democracia.” (Addalqadir As-Sufi Al-Murabit en “País islámico”).
Pero no todos los musulmanes piensan lo mismo. Hay que referirse al caso de Ayaam del multiculturalismo, que a su juicio permite la permanencia de normas culturales y religiosas que frenan el proceso de emancipación de los musulmanes.

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