De barbies y tanquetas

Parece difícil pedirles a los Reyes Magos de Oriente que se esfuercen y hagan regalos no sexistas. Los pobres no hacen más que cumplir los deseos de unas criaturas que, a pesar de su corta edad, ya están marcados por los estereotipos. Ella será la princesa más rosa, guapa y dulce del universo y él se convertirá en el héroe aguerrido y valiente dispuesto a desafiar a los monstruos más peligrosos.
Bien entrados ya en el siglo XXI las listas de los regalos siguen dominadas por las etiquetas de género. Aunque en esta campaña los Reyes Magos deben haber quedado un tanto sorprendidos al constatar que algunos niños pedían cocinitas, es lo que tiene el poder de un programa de televisión de máxima audiencia. Pero esto es la excepción que confirma la regla histórica: a las niñas, las barbies en todas sus variedades y a los chicos, los supermanes en modalidades diversas, incluidas las tecnológicas. O sea: ella débil, dulce y ñoña y él machote guerrero, salvador de la humanidad.

A la hora de determinar responsabilidades todos los afectados escurren el bulto. Los papás dicen que «es lo que piden los niños», después de tragar durante horas los anuncios de la tele y marcar y remarcar los catálogos de juguetes de las grandes superficies. Los publicistas se defienden afirmando que no son ellos los responsables, puesto que no son los que inventan los juguetes. Y los fabricantes se escudan en que ellos no hacen mas que reflejar la realidad y lo que la sociedad demanda. No existe, por tanto, un responsable, lo cual hace aún más complicado encontrar una fórmula que nos permita a todos desprendernos del lastre.

¿Acaso es tan importante? se preguntarán ustedes. Posiblemente no. Es muy probable que si me hubiesen regalado de niña un camión de bomberos no hubiese sabido qué hacer con él. Pero el espíritu que subyace en el acto de elegir un regalo para chica y otro para chico es el mismo que luego determina que ellas no se consideren aptas para ciertas carreras o ciertas profesiones. Y por ello es relevante. Lo suficiente como para que convenga cambiar ese espíritu. No se trata de invertir la situación y de comenzar a regalarle a los chiquillos carritos de bebé y a ellas tanquetas. El desafío que tenemos por delante es que todos sin excepción cambiemos la asignación de roles. Tal vez -visto el éxito de la fórmula que reflejan algunas encuestas- sean necesarios más programas de televisión estilo Master Chef para ir más rápido en el cambio. Tal vez…

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