Un año movido (y 2)

De todo lo sucedido en este año que se va, el problema especialmente indignante fue la corrupción, asunto estelar en el discurso del Rey, que es ahora el problema que más preocupa a los ciudadanos después del paro, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de diciembre. No es para menos. Conocíamos los casos clásicos de corrupción que llevan años en la parrilla informativa -los ERE, cursos de formación, Gürtel, Palau, Noos, Pokemon y otros- y aparecieron el defraudador Jordi Pujol, el mismo del discurso «España nos roba»; el caso de las tarjetas de Caja Madrid, espectacular no tanto por el montante económico como por la «calidad» de los implicados, y episodios de otras cajas; las operaciones Púnica y Enredadera, la red de funcionarios y empresarios que amañaban contratos a cambio de comisiones; en Galicia la trama de los cursos de formación en la operación Zeta…, y faltan casos menores. Hay algo positivo en tanta indecencia: el Estado de Derecho funciona -también lo dijo el Rey-. Funciona la fiscalía y los jueces, aunque con lentitud exasperante, pero al final quien la hace la paga como prueba la larga nómina de políticos, empresarios, dirigentes del fútbol o personajes folclóricos que penan en la cárcel por casos probados de corrupción. Y funciona la sociedad civil encarnada en los medios de comunicación que hacen un trabajo impecable dando a conocer casos a la opinión pública que es más libre al estar más informada. Ahora solo falta acabar con la corrupción «sin contemplaciones», recalcó el Monarca, y eso depende del gobierno, del partido que lo sustenta, de la oposición, de los empresarios… Entre todos tienen que convencer al país de que su apuesta por la regeneración es sincera y efectiva erradicando de la vida pública a todos los golfos y delincuentes. Salvo que quieran auto inmolarse en las elecciones del año que viene.

En conclusión, a lo largo de 2014 España vivió muchos episodios, algunos de especial trascendencia, y los mecanismos del Estado funcionaron con normalidad dentro de una admirable paz social. La sociedad española mostró una notable capacidad de resistencia y de vitalidad a pesar de que la crisis siguió golpeando de forma inmisericorde sobre los ciudadanos. ¿Qué nos deparará 2015? También será movido y cargado de acontecimientos que acabaremos superando porque este país, pese a la ola de pesimismo, goza de una espléndida madurez. Feliz año.

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