Rajoy no es realista

El presidente Mariano Rajoy hizo balance del año e intentó acomodar sus deseos a la realidad de sus necesidades electorales, una vez confirmado que quiere repetir como candidato del PP. En realidad, las cosas no son como él dijo, pero en un candidato (no así en un presidente del Gobierno) cabe esperar ciertas artimañas electoralistas.

El candidato Rajoy no solo quiso arrimar el ascua a su sardina, sino que intentó fijar el menú de los demás, colocando Podemos como la fuerza a batir (que no lo es, al menos para el PP) y eliminando al PSOE como alternativa, al presentarlo como posible socio, a la alemana.

Si fuese cierto todo lo que dijo Mariano Rajoy, en el PP podrían sentirse plenamente felices. Pero va a ser que no. Primero, porque la percepción de la corrupción que tienen los españoles es muy distinta de la suya. Segundo, porque el problema catalán se soluciona afrontándolo, no mirando para otro lado. Y tercero, porque la situación económica española, sin ir a peor -solo faltaría a estas alturas-, tampoco es tan boyante. Ni lo es, ni es percibida como tal.

Hay dos claves económicas que ayudan a España que nada tienen que ver con su política económica: la devaluación del euro frente al dólar, tolerada por Alemania a cuenta de poder recuperar sus exportaciones, y la bajada del precio del petróleo, que promueve EE UU con sus socios árabes para estrangular la economía de países como Rusia o Venezuela. Además, si subieran los tipos de interés, cosa que puede suceder sin que Rajoy pueda controlarlo, España tendría severos problemas para pagar su disparatada deuda pública, que ahora ya compite con la desproporcionada deuda privada. Eso no resta valor a una cierta recuperación del empleo, por precario que sea, ni cuestiona algo que Rajoy sí ha sabido mantener: las pensiones, consciente de que eran el colchón de las familias sin recursos.

Una cosa es que España no esté en recesión y otra muy distinta es que haya superado la crisis. A día de hoy son muchos los deberes pendientes en déficit público, deuda, paro, devaluación salarial, consumo interno, fiscalidad y protección social. No se trata, pues, de negar que la situación ha mejorado, pero tampoco de distorsionar la realidad para acomodarla a los intereses electoralistas del candidato Mariano Rajoy.

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