El ejemplo del inmigrante

Un día señalado como hoy se presta para recordar alguna historia ejemplar. Como la de Peter Angelina –Pedro, que es como quiere que le llamen–, un joven nigeriano que “trabaja” vendiendo pañuelos en un semáforo de Sevilla, donde, en palabras del escritor García Barbeito, “espera esa mano que le compre y solucione su cena, su desayuno, su almuerzo, la ropa que lleva puesta” y poder pagar, además, los estudios de Medicina en la Universidad.
El caso es que un vecino de Sevilla se olvidó de que en el techo de su coche parado en las inmediaciones de ese semáforo tenía una cartera con 3.000 euros en billetes y 13.000 euros en cheques y cuando puso el vehículo en marcha la cartera cayó al suelo, justo a los pies de Pedro que paró el primer coche patrulla de la Policía Municipal, contó a los agentes lo sucedido y les entregó la cartera con todas las pertenencias.
Imaginen lo que para este hombre suponía lo que había en esa cartera, ¡una fortuna!, pero “no pensé en coger el dinero porque a mí solo me importa ser honesto y el amor a Dios”, dijo este inmigrante de creencias arraigadas que se convirtió en el centro de todas las miradas en el barrio de El Tardón, donde es muy conocido y apreciado por los vecinos que no paraban de felicitarle. “Lleva diez años en el mismo sitio y es muy apreciado, ayuda mucho en el barrio”, decía una vecina. Pedro también reparte ilusión participando en la Cabalgata de Reyes de Triana.
Es una pequeña y reconfortante noticia que solo publicaron algunos periódicos y con poco alarde tipográfico. Un ejemplo de honradez en esta España de la picaresca, de la delincuencia y asediada por la corrupción, que el gesto de un inmigrante que carece de todo, pero posee una enorme integridad, hace grande y devuelve la confianza en el ser humano.
En Occidente es moneda corriente, dice Sami Naír, identificar a la inmigración con la inseguridad, la violencia de los barrios periféricos, el miedo de la gente… El inmigrante se convierte así en la víctima expiatoria de los males de la sociedad, han llegado para él los tiempos del desprecio, sentencia este escritor.
La realidad desmonta ese cliché. Esta Navidad nos deja un héroe nigeriano que, como tantos otros inmigrantes que arriesgan su vida en la valla o en una patera, tiene alma, sentimientos y un comportamiento muchas veces mejor que el nuestro. Feliz Navidad.

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