Talibanes en versión gallega

El martes, el mismo que los talibanes paquistaníes asesinaban a 132 niños en una escuela de Peshawar, otro grupo de “talibanes en versión gallega” accedió a la Facultad de Derecho de Santiago para perpetrar un nuevo ataque contra el catedrático Roberto Blanco Valdés bloqueando el acceso a su despacho.
Ya sé que las comparaciones son odiosas. Pero en algunos casos son necesarias porque resultan ilustrativas. Hay una diferencia esencial entre el acto terrorista de Peshawar y el ataque que sufrió el profesor Blanco Valdés: la sangre derramada de niños inocentes en aquel lejano país que, afortunadamente no se produjo aquí. Pero ambos hechos tienen como denominador común la intolerancia y la intransigencia en nombre de una ideología, religiosa en Pakistán y política en Galicia.

A estos talibanes gallegos no les alcanza su inteligencia para ver a quienes piensan de forma distinta, no como enemigos, sino como portadores de otro punto de vista. Esa intransigencia les lleva a querer estrangular la voz libre, independiente e ilustrada del profesor Blanco Valdés cuyo único delito es pensar alto y hablar claro trabajando por el progreso de Galicia desde su cátedra universitaria, desde sus libros y artículos periodísticos, siempre lúcidos, o desde las tertulias en televisión o en la radio, como la de la Radio Gallega que tengo el honor de compartir.

Hechos como estos merecen la mayor de las repulsas y condenas. Y entrañan especial gravedad por producirse en un recinto universitario, que es un espacio abierto al pensamiento, a la reflexión, al análisis y a la libre expresión de ideas y creencias dentro del respeto a las ideas y creencias de los demás.
Por eso, la comunidad universitaria de Santiago, además de llevar a los autores al juzgado, debería expulsarlos de su seno por comportamiento indigno. Deberían estudiar “educación para la ciudadanía” para que aprender valores como la tolerancia, el respeto a las personas y a todas las ideas y creencias. En la vida, escribía yo en marzo de 2011 con motivo de la profanación de la capilla católica de la Universidad Complutense de Madrid por un grupo de estudiantes, “se puede ser estudiante o profesional, ejecutivo o albañil, creyente, agnóstico o ateo. Pero lo primero que hay que ser es educado y respetuoso”. El respeto, el entendimiento y la tolerancia son el alma sobre la que descansa la convivencia de la sociedad.

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