La derecha económica

Los grandes empresarios y su propia patronal suelen ser afines a la derecha económica y, por tanto, a su principal correa de transmisión política: el Partido Popular

Los grandes empresarios y su propia patronal suelen ser afines a la derecha económica y, por tanto, a su principal correa de transmisión política: el Partido Popular. Eso no les ha impedido conciliar mediante el pacto con el PSOE, incluso en el caso de empresarios tan alineados con el PP como César Alierta, el presidente de Telefónica.
Salvo en la Transición, la patronal se ha abstenido de hacer públicas sus verdaderas intenciones partidarias, lo cual no impidió su cierre de filas en torno al PP, pero siempre con la mano tendida a la única alternativa hasta ahora posible: el PSOE.
En muchos sentidos, España vuelve ahora a los tiempos de la Transición y tanto los grandes patronos como sus propios órganos empresariales y financieros no ocultan sus preferencias por el bipartidismo, en su intento por contener el ascenso de Podemos.
En realidad, la derecha económica de ahora no va tan lejos como la de la Transición, en la que llegó pagar publicidad pidiendo el voto para Alianza Popular -así se llamaba antes el PP-, pero tampoco se queda atrás a la hora de fijar posiciones: «El bipartidismo en España funciona bien», sentenció esta semana César Alierta, uno de los hombres de negocios más influyentes de España.
De esa sentencia de Alierta se desprende que a la banca y al empresariado le ha ido -y le va bien- con el statu quo, lo cual no garantiza que esa sensación sea actualmente mayoritaria en España.
Es coherente con sus intereses que la banca y la patronal defiendan opciones políticas conservadoras, ya que si bien hay algunos empresarios y financieros progresistas, la inmensa mayoría de ellos se deben a la derecha, no ya por sus propias ideas como por los intereses que representan en un país donde las empresas dependen tanto de las concesiones del Estado. Una cosa distinta es que ciertos pronunciamientos públicos que están haciendo sean inteligentes. Sutiles, desde luego, no son.

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