¿Por qué los dos agentes abatidos no llevaban chalecos antibalas?

En cualquier película de atracos que vemos en las series de televisión, lo primero que aparece es que los agentes de la Ley llevan chalecos antibalas. El disparo de los atracadores es un tiro instintivo, no tienen tiempo, pulso ni ganas de apuntar. Que los agentes que tratan reducirlo lleven chalecos antibalas es una protección fundamental, pues por lo general los impactos mortales se dirigen al pecho. Puede ocurrir que una bala perdida o un rebote dé en la cabeza o en otro punto no protegido, pero es el pecho siempre la parte especialmente expuesta.

Impresionado y conmovido por el fallecimiento de la valerosa agente Vanessa Lago cuando intentaban detener al atracador de la oficina de Abanca, en el Vigo, donde ocurrieron los hechos, lo primero que pensé es ¿No llevarían chaleco antibalas? Las autoridades del Ministerio del Interior no han querido entrar en este asunto, y se refugia bajo el manto de que haya investigación en marcha.

Pero tenemos la evidencia a la vista. Todo el mundo sabe, que la Policía dispone de protocolos de actuación en casos como éste y que proteger la vida de los agentes debe ser prioritario, incluso si hay que dejar que el delincuente huya, ya se capturará más tarde.

Y las dos preguntas son: ¿Disponía la patrulla que acudió al lugar del atraco la adecuada dotación de chalecos antibala para su personal? Los sindicados policías advirtieron ayer de las deficientes dotaciones de este material, y de que los modelos están pensando para la anatomía masculina, no siempre cómodos para el adecuado ajuste en las mujeres. O sea, que si disponían de los chalecos, ¿se enfrentaron los agentes a cuerpo limpio al asaltante? Me cuesta creer que unos policías veteranos, con años de servicio, experiencia en este tipo de situaciones y entrenamiento específico (promovido por los propios sindicatos, por el Ministerio del Interior), no tomaran las adecuadas previsiones.

No es lo mismo enfrentarse a un delincuente dotado de un arma automática de repetición, que permita ráfagas, que hacerlo a un sujeto que dispara tiro a tiro, pero con suficiente rapidez para dirigirlo contra los dos agentes sin darles tiempo a la adecuada reacción.

Y aquí surge un tercer problema. Los agentes usan sus armas con prudencia, cuando no con temor, por la responsabilidad que pudiera derivarse de este hecho. Algunos jueces han procedido contra los policías porque abatieron o hirieron a un delincuente sin esperar a que éste les disparara primero. O sea, que para repeler el ataque, según algunos jueces muy progres, los agentes tienen que estar heridos o muertos. Si los agentes hubieran sido más rápidos ante un peligroso sujeto armado, quizá no lloraríamos las consecuencias de la vida segada y la vida en riesgo de dos servidores de la seguridad de todos.
Pero queda por aclarar el asunto de los chalecos y de los medios de protección de los agentes. Y de eso hay y son otros los responsables.

Y queda otro aspecto que, a mi entender, seguimos sin combatir eficiente. En Portugal existe un mercado libre de armas de fuego de todo tipo y calibre. Es tan fácil, que basta con preguntar en determinados ambientes y te sirven lo que quieras. Como en las películas. Pero ahí al lado.

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