La falta de rigor económico es general

Si un contribuyente o una empresa no liquida sus impuestos, es requerido por el Estado de malas maneras, especialmente si no es una multinacional. Para eso –dicen- está el Estado de derecho. Pero si un Estado incumple su déficit público, es decir, si gasta mucho más de lo que presupuesta, nadie le dice nada. Es una curiosa pedagogía política que si algo prueba es la debilidad del gran proyecto europeo. El problema, en realidad, no es que no le digan nada, sino que de esa anomalía se derivan después muchos problemas para los ciudadanos y las empresas.

Estos días hemos visto como Bruselas lanza avisos pero mira a otro lado. Ni sanciona ni resuelve las causas del problema del déficit público en la eurozona. En definitiva, no hace política.

España se camufla en este ambiente, sabedora de que sus incumplimientos pesan menos –políticamente hablando- que los de Francia o Italia. Pero eso no hace desaparecer el problema español. Es un secreto a voces que su presupuesto carece de fundamento.

Con los Estados pasa un poco como con las empresas. Un botón de muestra: FCC admite deudas con Hacienda y la Seguridad Social de 298 millones de euros, pero si una pyme hiciera algo así en términos proporcionales su administrador correría severos riesgos, incluso personales. Países como Grecia, Portugal, Irlanda o España las pasaron canutas cuando solo estos países tenían problemas con el déficit público. Ahora que Francia está tocada, los hombres de negro vuelven a sus guaridas. La única diferencia con las empresas es que éstas, aunque les vaya mal a las grandes, siguen bajo severos controles.

Ya sabemos que vivimos en un país donde los grandes delitos son menos perseguidos que los pequeños y que son los propios jueces los que reconocen semejantes agravios. También sabemos que aquello que los partidos legislan después no se lo aplican a sí mismos. Incluso sabemos que puede gobernar un partido político que maneja dinero negro, según acredita un juez. Es tal el cachondeo político y económico que lo único que sorprende realmente es que aquellos que cometen semejantes fechorías se extrañen de que puedan echarlos para colocar a otros en su sitio, sean o no sean éstos los mejores gobernantes.

Varias semanas por delante, esta sección de ‘Cuenta de resultados’ avanzó en La Región las bases del programa económico de Podemos. Era información accesible, siguiendo los pasos de sus dos economistas de referencia: Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra y profesor en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EE UU), y Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

No se trata de que Podemos sea una buena o mala alternativa política, sino de que el sistema, el poder, ha estado días y días creando una imagen falsa de Podemos, tras haber alimentado mediáticamente este nuevo partido. Sobra corrupción pero también sobra manipulación en España. Falta seriedad, se ausenta el rigor.

Cuando este tipo de malas prácticas se reducen a la lucha política suele creerse que no pasa nada. Pero sí pasa. Un país que no es riguroso ni serio navega hacia la deriva, que es lo que está haciendo España. Podemos puede terminar siendo flor de un día, un partido más de Oposición o una alternativa de gobierno. Pero sea lo que sea merece un respeto y reconocer que sean o no sensatas sus alternativas sí diagnostica con precisión la triste realidad política y económica de España.

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