Pedro Sánchez promete ser una versión mejorada y agravada de Zapatero

No me gustan nada los bandazos del actual secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Empieza a recordarme a Zapatero. Me refiero al delicadísimo asunto de la reforma de la Constitución que, a mi entender, y caso de ser necesario, debe hacerse en un clima de sosiego, pacto y consenso mayoritario –para que salga adelante- y que no se aprecia. Y menos bajo la presión de la amenaza secesionista, que sería tanto como aceptar su chantaje, o el que dos millones de ciudadanos se impongan a otros cuarenta y cinco.
Pedro Sánchez está siendo ese tipo de político de múltiple y contradictorio discurso, que dice en cada lugar lo que el auditorio quiere escuchar. Me recuerda a aquellos famosos payasos españoles, los “Hermanos Tonetti”, a quienes conocí que me contaron que antes de acudir a una plaza pedían los periódicos locales para ver el modo de adaptar sus chistes y bromas al ambiente y los problemas de pueblos y ciudades. Un delicioso manual de campaña, redactado por Alfonso Guerra, fue el primero en aconsejar es práctica, que Zapatero II sigue al pie de la letra.

Y si el PP peca de indecisión, el PSOE se acomoda, sin ideas que mostrar, a pescar en este río revuelto, a ver si contenta a todos. Y no es posible. La reforma es muy compleja dada la propia naturaleza de nuestra Constitución. Son muchos pasos, muchas vueltas.

(Art. 167) 1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado. 2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma. 3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

Todos los pasos tienen que estar muy medidos, sobre todo (art. 168) 1.Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Titulo preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. 2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. 3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Cierto (art. 169) que “No podrá iniciarse la reforma constitucional en tiempo de guerra o de vigencia de alguno de los estados previstos en el artículo 116”.
Es decir, cuando el país se haya en estado de alarma, de excepción y de sitio, y las competencias y limitaciones correspondientes.

Y. ¿ahora mismo? ¿Acaso puede decirse que es normal, sin llegar a los supuestos anteriores, la situación de Cataluña? ¿Acaso no deben depurarse las responsabilidades por el 9-N si las hubiera? ¿Acaso el Gobierno de la Generalitat no está en franca rebeldía, públicamente manifestada cada día frente al Estado?.

El PSOE es contrario la querella contra Mas y los directos responsables del 9-N. ¿Se defiende así al Estado y el orden constitucional que se pretende reformar para atender a quienes no lo respetan? O sea, una de cal y otra de arena.

No va a ser posible contentar a todos, así que si no definen su posición en defensa de una idea concreta, no les auguro gran futuro. De todos modos, si sucumben a la presión mediática o a la algarada de dos millones de vecinos de Cataluña, ¿qué pasará el día que el País vasco lance su anunciado órdago al Estado? ¿Por dónde saldrán esta vez?
¿O es que simplemente no tienen teoría de Estado alguno? ¿Ya hemos olvidado aquellas personas del ahora “consejero de Estado”, Zapatero, quien dijo de sí mismo que era” tan liberal que era libertario o que el concepto de España era discutido y discutible”?

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