La gran mentira de la Casa de Alba y Franco

Una de los mitos que rodeó la vida personal de Cayetana fue que su padre, el Duque de Alba, se había enfrentado al general Franco y que éste, en represalia “lo había desterrado a Londres” como embajador, donde habría de padecer, con su familia, el riesgo de los bombardeos alemanes durante la II Guerra Mundial. Biógrafos, hagiógrafos, cronistas de salón y turiferarios diversos han escrito sobre este asunto en el orden indicado.

El documentado trabajo, publicado en la Revista de “Historia Contemporánea”, número 15, 1966, páginas 163 177, del profesor Juan Avilés Farré, de la UNED, pone las cosas en su sitio sobre el padre de la duquesa de Alba, que acaba de fallecer:
“Pocos embajadores habrían podido rivalizar con los veinticuatro títulos -catorce de ellos con grandeza de España- que ostentaba Jacobo Stuart Fitz-James y Falcó, XVII duque de Alba, quien representó al régimen de Franco en Londres desde 1937 hasta 1945. Por su estirpe estaba vinculado a Inglaterra, ya que el linaje de los Fitz-James se remontaba a James Fitz-James, hijo natural del rey Jacobo II Estuardo y de Arabella Churchill. Este primer Fitz-James recibió en 1688 el título inglés de duque de Berwick y en 1707 los títulos españoles de duque de Liria y de Jérica, títulos que pasaron a sus descendientes afincados en España, quienes adquirirían el de duquesa de Alba por vía matrimonial. Puesto que Arabella Churchill era hermana del primer duque de Malborough, el ilustre antepasado de Winston Churchill, resulta que éste y Jacobo Stuart Fitz-James eran parientes, aunque se tratara de un parentesco tan lejano que en familias menos aristocráticas, nadie habría sido consciente de él”.

“La estirpe, en la Inglaterra de entonces, contaba, pero no era el único motivo por el que el duque de Alba podía tener un fácil acceso a ambientes a los que otro enviado de Franco no habría accedido. Nacido en 1878, el duque se educó en el prestigioso colegio católico de Beaumont, en Windsor, donde comenzó a trabar amistades que le serían mu y útiles cuarenta años más tarde. Y Londres fue la ciudad que eligió en 1920 para su boda con María del Rosario de Silva y Guturbay”.

O sea, que la cosa fue de otro bien distinto modo.
Uno de los más curiosos servicios que prestó a Franco fue el progresivo reconocimiento del Régimen y que los ingleses no se molestasen mucho cuando constataran que en los puertos españoles, como en el de Vigo, la neutral España permitía el abastecimiento de los submarinos alemanes que luego atacaban los convoyes aliados. El lugar de tomar medidas adecuadas, los británicos se limitaban a notas de protesta.

El padre de la duquesa, en representación del régimen fascista español sustituyó en Londres al embajador de la República, Don Pablo de Azcárate que hubo de abandonar el puesto. Historia de España que no conviene olvidar. Dicen sus biógrafos y noveladores, que el padre de Cayetana fue uno de los personajes más singulares de la nobleza española, sobrino de Eugenia de Montijo, íntimo amigo de Alfonso XIII y secreto enamorado de la reina Victoria Eugenia. Todo en familia.

Y afirman algunos que abandonó a Franco, a quien tan lealmente sirvió, cuando en uno de sus habituales manifiestos (con vuelta atrás repetida), el conde de Barcelona, al concluir la II Guerra Mundial en 1945 con la victoria aliada –creyendo que Franco se vería obligado a otorgarle el trono al que era pretendiente- pidió a sus leales que abandonasen al dictador al que habían servido, con la eficacia conocida, como en este caso.

Así que en estos días de ditirámbicas historias conviene poner las cosas en su sitio. Casualmente, la muerte de la Duquesa de Alba me sorprende en Sevilla, donde he vivido el ambiente de la calle. Vi la cola del Ayuntamiento para visitar la capilla ardiente de Cayetana, y palpé el ambiente festivo, no precisamente de luto, de los sevillanos que quisieron despedirla con la misma bulla con que forman cola para entrar en la Maestranza los días de corrida.

En Sevilla, de vivir alguno de sus grandes poetas, se podría hasta esperar que le escribiera un poema a esta señora de «rompe y rasga». Hacía lo que le daba la gana y no escandalizaba a nadie, «porque se lo permitían». Lo que en otras se repudiaría, en ella hacía gracia. Este es un pueblo que ríe las gracias de las marquesas populares, pero que siguen siendo marquesas o duquesas…Y les hace coplas.

Un conocido periodista sevillano hizo en una ocasión un estudio comparativo de los parecidos de hijos de Cayetana con diversos personajes de su tiempo y de la vida social. Pura casualidad. ¿Infundada malicia Sevilla? Si a los hechos nos atenemos, la Duquesa, cuando tales rumores se concretaron en la especie de algún osado o algún programa basura, puso pleitos en defensa de su honor, intimidad e imagen y los ganó. Hubo de ser indemnizada severamente y dicen que donó la reparación a entidades benéficas. Pero en la calle corren estos días rumores viejos que nadie podrá confirmar y que siempre rodean a personajes que se salen del libro y tejen su propia leyenda. Un rumor es un rumor. Y eso no es un hecho ni una noticia. Pero la gente a veces aplaude y otras critica. En Sevilla, estos días, ha habido de todo.

Digan lo que digan, ella se lo podía permitir. Era la duquesa de Alba. En 2010, con Juanita Reina, algo más joven y menos reparada, apareció en el cartel de las Ferias de Primavera como aquellas majas de su familia que Goya pintó en pelotas.

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