Unos nacionalizan y ganan, y otros pierden

Menudo contraste entre los procesos de nacionalización y privatización de la General Motors e ING y los de las cajas de ahorros españoles. Cuando menos, los contribuyentes merecen una explicación

La crisis económica obligó a Estados Unidos a nacionalizar el primer fabricante de automóviles del mundo, la General Motors, que en España produce los vehículos Opel, al tiempo que comercializa algunos modelos deportivos de la Chevrolet. Los viejos accionistas lo perdieron prácticamente todo pero el Estado, con el demócrata Barack Obama a la cabeza, terminó por obtener beneficios del rescate. En 2009, el presidente Obama había defendido la intervención en General Motors porque su colapso habría sido devastador. Fue la mayor suspensión de pagos en la industria de Estados Unidos, con unas deudas de 122.500 millones de euros.

La crisis financiera forzó a Holanda a rescatar su banco ING, muy popular en España por sus campañas en televisión e internet para difundir su banca online. ING acaba de devolver las ayudas públicas recibidas -13.500 millones de euros- con un beneficio para el Estado holandés del 12,7%.

¿Por qué Estados Unidos y Holanda ganan dinero con las nacionalizaciones transitorias y España lo pierde? El Gobierno de Mariano Rajoy suele eludir la cuestión. Ni siquiera ha querido explicar su decisión de anticipar –perdiendo dinero- la privatización de entidades como la actual Abanca, ahora en manos del venezolano Juan Carlos Escotet, quien ya está ganando centenares de millones de euros. Y eso que, entre 2009 y 2010, el Gobierno español intervino dos cajas de ahorros (Caja Castilla-La Mancha y Cajasur), para nacionalizar, en 2011, otras cuatro entidades (CAM, Unnim, Catalunyacaixa y NCG Banco). Incluso añadió a esta lista negra al Banco de Valencia, también en 2011. Pero la gran ‘estrella’ fue Bankia, antes Caja Madrid, que colocó en 2012 a España al borde de la bancarrota, de modo que el Estado tuvo que pedir ayuda a Europa para afrontar un rescate de 23.000 millones de euros. Fue así como evitó la quiebra de una entidad con diez millones de clientes y casi 200.000 millones de euros en depósitos.

Los marxistas suelen considerar que la regla de oro del sistema capitalista es privatizar las ganancias y socializar las pérdidas y las deudas, pero a este paso su diagnóstico universal se acota por países, sin que a España le toque la mejor parte. Estados Unidos, país demonizado por la vieja izquierda europea por su fervor liberal, se ha manifestado bajo la presidencia del demócrata Obama, como un ejemplo por todo lo contrario. No solo ha sabido nacionalizar y privatizar protegiendo los intereses de los contribuyentes, sino que ha sido capaz de utilizar su política monetaria para recuperar la economía y crear empleo, sin que por ello se resintiese la inflación.

Este estado de cosas, lejos de provocar un debate económico y político en profundidad, se ha saldado en los parlamentos estatales y autonómicos con más anécdotas que rigor. Tanto es así que la cuestión de fondo –más de 40.000 millones de euros en juego- pasó mucho más inadvertida que los millones de las llamas tarjetas black, con las que directivos de Bankia gastaron dinero a sus anchas, en otro escándalo de corrupción monumental.

También en este caso los grandes partidos le han hecho el trabajo a Podemos, una fuerza política de apenas unos meses de vida que va camino de forzar una nueva estructura de partidos en España. Solo las implicaciones de unos y de otros en todo lo sucedido pueden explicar semejante déficit democrático en el país.

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